La vuelta

Un vendedor de la ONCE con una terminal para tarjetas colgada del cuello se pasea a lo largo de la larga barra del bar y recoge de las mesas los platos sucios cuando la gente las desocupa. Mientras pido nuestros platos, un camionero que parece inglés pide un plato de bacón con el pan a parte y café americano. Por la barra deambulan hombres que parecen camioneros en su mayoría gordos o muy gordos que parece el fruto de la dejadez macerada en las muchas horas de ir sentados en los cómodos asientos de sus camiones. Una tripa amarilla me tapa la visión del camarero que ahora me llama para darme dos de los platos. Es un microcosmos imperfecto de gentes que vienen y se van donde muy de vez en cuando entran también familias que vuelven o van de veraneo en este inmenso restaurante-venta  siempre abierto que tiene un edificio gemelo al otro lado de la autovía A35 a las afueras del pueblo de Fuente de la Higuera, en Valencia, en la incorporación de la carretera N430 que comunica a la A35 con la A31.

No puedo dejar de pensar si esto no es una significativa muestra de lo que es España, ya se que no la explica en su totalidad, ni mucho menos, ni siquiera es extrapolable, pero un lugar como éste solo puede encontrarse aquí: el desparpajo, la eficiencia y simpatía del camarero, -es verdad que podría haber sido justo al contrario-. El trajín constante de gente entrando y saliendo, comiendo, bebiendo y fumando; su variedad, como la de las tripas y de los pantalones cortos también son un buen muestrario. El suelo está salpicado de servilletas de papel arrugadas, de colillas y de restos de comidas, y cuando pasa una de las camareras barriendo el suelo, la montaña de detritus alcanza una altura respetable y el bar parece ahora otro. La comida es pasable, el precio asequible, no hay excesivas pretensiones, tampoco chabacanas decoraciones como cuando parecíamos tan ricos. Afuera, el aparcamiento está a rebosar de camiones mientras un vigilante con chaleco amarillo se  guarece del implacable sol.

 Es éste un buen lugar para parar y para estar, para deambular con libertad y para comprar lazos de Astorga,  mantecados de la Mancha o galletas de Camprodón. Levanta el ánimo por su vitalidad, aunque también puede suceder que a alguien le  hunda en la miseria por su provisionalidad. Está a mitad de camino entre Almería y Barcelona en esté sábado en el que volvemos de las cortas vacaciones, negros por el sol, yo añorante de casi nada en mi destino.

Rodalquilar

Cerro de Lobos

Bueno, por fin mañana salimos para Rodalquilar, el coche de nuevo enfilando el sur, saliendo de los límites geográficos y mentales, una liberación en todo el sentido de la palabra, lo confieso,  un dejar atrás, un dejarse abrazar y apretar por el sólido calor que nos espera, pero está la luz difusa y casi blanca de la llegada que lo envuelve todo: las piedras, la tierra, el verde de las pitas y de las palmeras, la mina abandonada y sus arenas rosadas, la quietud de los cerros entreverados de verde, y el mar, el mar allá a lo lejos que lame la tierra y se la lleva y la trae después de lavarla, todo eso nos espera, es el reencuentro, por fin estoy aquí.

La canción dice que se pueden querer dos mujeres a la vez, y me cuesta trabajo creerlo, pero se que uno puede sentir que ha llegado a casa aun viniendo de casa,  que ésta puede estar en más de un lugar, Rodalquilar es uno de esos lugares. Es un domicilio etéreo, una excepción deseada y blanca donde no me llegan las cartas, donde aún suenan con el viento las cañas altas al lado de la ventana del dormitorio. Es éste un lugar donde al llegar siento por minutos que he vuelto para enseguida olvidarme de ello porque ya estoy, ya estaba, pero temiendo la partida de nuevo.

El breve frescor de primera hora de la mañana cuando abro la puerta de la mosquitera y me siento en el poyato con el primer café: me digo que ese es mi sitio aunque no lo sea. El paseo a por el pan cuando suena el claxon de la furgoneta que viene de Campohermoso o del Pozo de los Frailes,  y a por el periódico antes de los desayunos en la gran mesa: el moje, la leche, el pan, la mermelada, las galletas, más café; en seguida los preparativos para la playa después, la expedición bajo el pequeño infierno que es un sacrificio necesario y ansiado porque significa que estamos allí, porque para revivir hay que morir y mientras, el agua fresca del mar, si no hay medusas, es un bálsamo, un parque para ellos, y la vuelta después, como una expedición desde el Lago Victoria recién descubierto, por impenetrables selvas  de grandes árboles, plagados de monos que se bañan en oscuros ríos, sino caminos polvorientos, soledad de cigarras y raquíticos oasis de palmeras africanas. De nuevo en casa soltando arena, cansados, la ducha, la comida, la siesta. Y sentarme con la piel caliente después del sueño a beber café frío mientras leo, escribo o simplemente miro la rambla seca abajo, el caballo blanco pastando, el sonido de la puerta mosquitera que se abre y se cierra por el viento, por el juego infatigable de los niños.

El paseo de la tarde es siempre por los caminos de la enorme antesala de lo que nadie entendería como el Paraíso, pero que lo es y solo puede estar aquí,  bajo esta luz rojiza que acompaña el último sol del día sobre la piel, las montañas sinceras y desnudas, el rojo sobre su cimas, el verde vivo de las pitas, las piedras que suenan como en ningún lugar al golpearlas mientras ruedan pendiente abajo, el silencio que resalta el bufido de alguna ráfaga de viento al coronar los cortados y las revueltas del camino, el mar allá abajo que se prepara para dejar de existir en la noche, solo a sonar acompasado. Debe ser la confirmación, ahora que lo pienso, de que el Paraíso, como tantas otras cosas, es una creación mental que cada uno sitúa o construye donde quiere o recuerda, yo lo construyo aquí, y más exactamente, si quieren datos concretos de uno de sus parajes, entre Rodalquilar y El Playazo, entre la carretera a Las Negras y el mar, el Cerro de Lobos, por ejemplo, o los caminos fantasmas que rodean la antigua mina de oro y sus lavaderos de mineral, pero hay más recovecos, más caminos, más colinas y montañas, más habitaciones en este lugar adonde mañana llego.

Ya se me desmorona este lugar donde estoy ahora de puro deseo de comenzar el viaje, de estar lejos, y de llegar al pequeño parque antes de entrar en Rodalquilar y donde a veces juegan los niños en el tobogán verde y rojo, al lado de donde una noche vimos un zorro que venía de buscar comida en el pueblo.

Ya veo de noche las estrellas, aquí, como en otro lugar, sí,  pero aquí, donde la noche es igual que en cualquier lugar aunque no lo sea, el paseo por la carretera después de cenar porque se nos acabó el pueblo, el cielo levemente azul, los grillos contratados para afirmar la noche, el frescor ahora, la vuelta por el pueblo de nuevo, el puente sobre la rambla y de nuevo en casa, y cerrar la puerta de la mosquitera. Suenan las altas cañas de nuevo junto a la ventana mientras cierro los ojos en la oscuridad, me duermo.

Agunas preguntas y algunas de las respuestas

1. ¿Cual es el sentido de la vida?

No preguntarse nunca sobre el sentido de la vida.

2. ¿Que hacer entonces con nuestra vida si no tenemos una guía que nos ayude?

Levantarse de la cama primero, por supuesto, mirar por la ventana por si llueve y salir, sonreírle a la vecina que nos guste y ser sinceros con ella y con nosotros mismos, entonces nos podemos mojar juntos bajo la lluvia porque no nos importará en absoluto que se nos noten los pezones duros bajo la camisa, y menos, claro, si es a ella a quien se los notan. La vida tendrá entonces un sentido claro y no nos importará que éste no dure a lo largo del tiempo, tendremos suficiente con obtener lo que deseamos con impaciencia en un día de lluvia, entonces podemos volver a la cama, ahora sí, con ella. Y que no se nos olvide llamar al trabajo para decir que estamos enfermos, la felicidad es corta y dura lo que un sueño, mañana será otro día.

3. Cuando nos invada la apatía ¿qué hacer con el jamón de York y el yogurt Activia que nos caducó ayer y que habíamos decidido comernos hoy?

Ser desprendidos, no nos debe importar perder algo si lo que ganamos es peor, igual o mejor que lo perdido. Un beso  que ganemos de ella nos aflojarà de la tensión que la materialidad nos provoca, y si notamos que el estómago nos ruge porque tenemos gazuza, siempre podemos dejar que nos moje una galletas Campurrianas en un café con leche caliente y nos las de ablandadas en nuestra boca, las risas por las gotas de café sobre nuestra piel desnuda nos hará sentirnos de nuevo vivos. Eso sí, no nos olvidaremos de tirar el jamón de York a la basura si se ha puesto tieso y de color marrón oscuro, pero el yogurt nos lo podemos comer con tranquilidad, a buen seguro no nos envenenaremos.

4. ¿Qué hacemos entonces?

 ¿Con qué?

 5. ¿Tienes idea de por qué vamos a trabajar todos los días?

Pues pensar y ansiar la hora de la salida, porque siempre esperamos que la tarde o el fin de semana serán distintos y que en esas horas por fin seremos felices, y así nos puede ocurrir, sí, a veces pasa, aunque tal vez debamos, si no lo hacemos ya, mirar más cerca, pues tal vez podamos disfrutar aquí igual que fuera, no digo con el trabajo, aunque también se pueda dar el caso, digo con lo que nos deparan estas horas aquí encerrados. No debemos perder de vista que la gente que nos rodea también se distrae con los ojos taladrando el techo y mirando más allá de los cielos buscando una redención que los eleve de la insulsa cotidianidad; que también se ríen y lloran, se excitan o se aplastan, que también tienen sus ratitos de debilidad y que a veces nos miran, algunas deseando besarnos, y otras denigrarnos, ¿o acaso no lo sabíamos?

6. ¿Por qué siempre piensas y hablas del deseo?

Es evidente que si no deseáramos, si nuestros ojos y nuestras mejores palabras no se perdieran por el cuerpo y la mente de nuestros prójimos más atrayentes, la jornada sería una plana sucesión de horas y conversaciones relacionadas con expedientes, sinergias, estrategias y presupuestos. Pero no es eso una alternativa, suceden al mismo tiempo, ya escribí una vez sobre lo que en realidad a veces pensamos e imaginamos cuando hablamos por ejemplo con una mujer sobre “posibles alternativas al Convenio de Kyoto”, más allá de nuestra educada respuesta, para nuestros adentros decimos: ¿Cómo sería bajarte la falda y tumbarte despacio sobre la cama de la habitación de un hotel escondido? Pero que quede claro, una cosa no tapa la otra, somos binarios y podemos hablar en dos planos a la vez, algunos incluso en tres, otros, es verdad, solamente en uno.

7. ¿Existe Dios?

Por supuesto, es nuestro guía perfecto, el de cada uno, al que podemos interpretar como nosotros queramos y que nos ayuda a sobrevivir y a encontrar fortaleza para continuar adelante. Ahora bien, para eso hay que creer en él, es como el sentido de la vida que aparece en la primera pregunta, no hay que plantearse nunca si existe o no existe, recémosle a nuestra imagen y semejanza y creemos nuestra propia conciencia y tabla de pecados. ¡Por un dios libre, seamos creativos!

8. ¿Quién es usted?

El enviado de Dios en la Tierra, como usted, como yo, lo acabo de descubrir ahora mismo, y eso me salva de posteriores preguntas, se acabó la entrevista. Buenos días.

9. Le deseo.

¿Perdón?

10. Ya me ha oído, estoy aburrida de esta papel que me ha tocado vivir, no entiendo nada de lo que me rodea, no se que hacer con mi vida, pero se que puedo pasar un buen rato con usted, por eso le estoy haciendo una proposición, ¿se quiere acostar conmigo y levantarse conmigo en la mañana y si le place volverse a acostar sin prisa hasta el mediodía?

No hay cosa que más desee, pero espere que me coma el yogur.

Iba a escribir de futbol

Iba a escribir sobre las celebraciones futbolísticas de estos días en los que,  mira tu por donde, el Barça ha ganado tres copas, o así. Iba a hablar de la épica, de las masas, de su utilización política, de su utilización mediática, de la omnipresencia del fútbol, de la adscripción obligatoria por omisión a un equipo o pensamiento si no te manifiestas a favor del que te pregunta, es decir:
- ¿Eres del Barça?
- No.
- O sea que eres del Madrid.
- No yo soy de Marte, me repelen las neuronas que producen en ti esas preguntas y no hablaré un segundo más de tamaño despropósito.
- ¿Entonces eres del Español?
- …
- ¿Del Valencia?
- …tengo caca.

Es algo así como cuando un nacionalista te dice que si no eres nacionalista catalán, por defecto eres nacionalista español, como diciendo:

- Si me jodo yo nos jodemos todos, listillo.

Y ante tamaño desparpajo a ver quien es el guapo que le dice:

- No, yo soy de Marte, me repelen tus neuronas cuatribarradas y además no seguiré hablando ni un segundo más de tamaño despropósito.
- ¿O sea que eres nacionalista marciano?
- …
- Ya se, eres del PP.
- … límpiate el culo tu solo, rico. (Por decir algo).
- Lo sabía, eres del PP.
- ¡…gensanta! (como diría Forges). Tengo caca.

Sobre esto iba a escribir pero he renunciado a ello, odio caer en tópicos fáciles o generalizaciones mentirosas. Creo que me falta la bacteria, perdón, la neurona del entusiasmo colectivo, que lo vamos a hacer, pero además es que no me apetece ahora devanarme los sesos para explicar los sentimientos y las sensaciones que me produce todo este fenómeno colectivo.

¿Qué hacer entonces? Pues hablar de amor, de sexo y de rock’n roll.
Y eso es lo que voy a hacer. ¿Lo voy a hacer? ¿No es todo lo mismo? Bueno, trataré de hablar de esto, veré hasta donde llego.

Si escucho determinadas canciones mi cabeza se completa con una espuma suave, medio oscura y medio blanca, medio caliente y medio fría que después envuelve mi cuerpo, nuestros cuerpos. La penumbra, siempre la penumbra donde la visito, donde la luz mate de su cuerpo se muestra como una constelación lejana y cercana al mismo tiempo que me captura en su campo gravitatorio y me condena a navegar por la eternidad de su cuerpo.

¿Y el rock’n roll? “Time waits for no one”. La escucho y me hace pensar, no por nada en concreto, es lo inexplicable de la música, tal vez porque también es un refugio que nos acoge, que nos enaltece, que nos excita, que nos tranquiliza, que nos acaricia, ¿no es eso amor en el recuerdo y en el deseo que provoca?, ¿no es eso sexo a la espera? ¿no le ponemos a las canciones que nos golpean un sujeto que se parece a quien queremos? Bien, es una forma de enriquecer nuestro tiempo, de estar cuando no se puede estar, de recorrer los misteriosos caminos no trillados que la vida nos regala, o para ser modesto, con los que nos encontramos, en los que creemos descubrir algo ignoto, nuestro, tan personal que nos creemos los únicos en llegar a este paraje inexplicable de lo sensorial. Y sin embargo, se que esto es un consuelo, bello pero un consuelo que no puede extenderse por mucho tiempo. La escritura se alimenta de miradas, carne, palabras, sudor, caminos, lunas, ríos, sonrisas, soles, lágrimas y pelos entre millones de cosas más, y eso son los elementos de la vida que nos hieren y acarician, así de tópico, también así de cierto, aunque solo existirán algunos que volverán blanco celestial el interior de nosotros por minutos, con suerte por horas, y muy excepcionalmente por días, y eso son muy pocos, escasos, como Odiseas que justifican nuestra paso por la vida.

Ganas

Hoy tengo de rasgar el papel con la punta de titanio reforzado de un bolígrafo poderoso con mil litros de tinta en su depósito. Un difuso malestar bloquea cualquier atisbo de sacar mi cabeza por encima de este agujero de 1,60m x 1m donde estoy enclaustrado. Desearía, creo, o debo creer, salir con una euforia de pasos recobrados, recuperar los millones y millones de ángulos con que se puede ver y estudiar el mundo con las ansias multiplicadas por mil de aquellos quince días de internamiento obligado en un hospital, donde veía siempre la misma esquina de una calle que estaba siempre allí desde el único ángulo posible de la ventana de mi habitación. Era una esquina insulsa de una calle estrecha y poco transitada, un dibujo inamovible tras el cristal pero cambiante en su luz, atractiva en las mañanas, en las tardes y en las noches donde sediento deseaba estar para recobrar y celebrar la rutina perdida, creyendo que me merecía una nueva oportunidad para recuperar el ritmo olvidado y ahora redescubierto de la vida.

Tengo entonces ganas de salir pateando las piedras de este pedregal ardiente y helado según el día que solo puedo ver desde este agujero y manchar mis botas de polvo y de barro, y de notar como se abrasa mi piel al mediodía y me deshago en un sudor frío bajo los cuarenta grados que calientan la tierra y todo lo que vive o se coloca sobre ella. Quiero quitarme la camisa y meter la cabeza bajo una fuente y refrescarme, mojarme todo y volver a ponerme un sombrero de paja y unas gafas de sol, y sentarme después bajo un árbol y oír a las cigarras de la tarde. Quiero notar como llega el frío y se me pone la carne de gallina y necesitar de mi viejo abrigo azul, ahora manchado de polvo, y acurrucarme mirando desde mi frágil refugio de la montaña arriba la luna y las estrellas, abajo los rastros de los hombres mientras sorbo y me agarro con las dos manos a un café caliente. ¿Y mañana?, pues el Díos de las frases hechas dirá, tal vez andaré hasta el mar o me quedaré unos días en un pequeño valle de árboles ralos entre las piedras y un estanque a la sombra.

Un grifo inexistente y atorado de inmundicias necesita romperse para dejar manar un torrente de palabras perfectamente colocadas donde mi imaginación y mi rabia bien dispongan, y que no tenga nunca que corregirlas o cambiarlas. No tengo un plan establecido, solo la necesidad de escribirlas, de describir y contar el mundo que me rodea y que interpreto. Tengo ganas de no parar, y sin embargo no tengo ninguna de levantarme, tal vez entreveo su mano tendida a mis espaldas.

Somos especiales para alguien

Alguna vez nos creímos tan especiales que llegamos a pensar que todo giraba alrededor de nosotros, que nos habían elegido entre una plantilla de miles de personas de donde destacábamos sin lugar a dudas. De repente un día comenzamos a darnos cuenta de que solo la casualidad nos trajo hasta donde estamos. La casualidad y nuestra voluntad de parecer lo que somos y también, y muchas veces, lo que no somos. Que nos eligieron, sí, y que nosotros elegimos, también, pero entre lo que teníamos más cerca, pues nadie, ni nosotros, hicimos una convocatoria pública para buscar al mejor o a la mejor, simplemente aparecimos, aparecieron, y aquí estamos, haciendo lo que podemos, lo que debemos, creciendo o borrándonos de los demás, creciéndose, borrándose también en nosotros. Así es y así ha sido siempre. Lo hermoso es que de todo ello nace una verdad indiscutible, que la propia experiencia y la propia historia compartida con las otras personas sí que es particular y voluntaria, desde donde se acrecienta la amistad, el amor, y también el desamor y el abandono. Casualidades de la vida pues y no destino, ¿o puede que no? ¿Quién sabe? Lo que si sabemos es que para unos pocos somos especiales, para muchos otros secundarios, para otros decepciones andantes, y ¿para nosotros?, deberíamos ser muy importantes, por lo que pueda pasar, y sobre todo porque somos la evidencia viva de que nuestros esqueletos nos sostienen, de nuestras vísceras que nos alimentan y limpian, de nuestro cerebro que nos guía y de nuestros corazones que nos dan la vida y dicen que los amores, y todo ello reúne el apoyo fundamental e imprescindible a nuestra existencia, y como mientras hay vida hay esperanza, alegría, sufrimiento y ganas de comerse unos macarrones con chorizo. Seamos condescendientes con nuestros errores y recaídas, pero también con las de los demás, besemos ahora apasionadamente, y riámonos, ríanse hasta el llanto, que tiempo habrá de llorar y de volver a reír de nuevo.

Fantasmas al sol

Ha salido el sol

todo luce con aseo hoy

necesario alimento entiendo

en este camino

a menudo polvoriento.

 

Cristal limpio es la mirada

pintados por fin los colores

desvaídos ayer

en el fondo gris del alma.

 

Qué diremos hoy

del sentido trágico de la vida

sino más bien que éste depende

de los días

de sus noches

y de sus propios fantasmas

que habitan en tantas horas.

 

Espíritus que se nos aparecen

para acariciarnos

para aterrorizarnos

jodidos rebeldes  asabanados

que para nuestro bien nos acompañan

que para nuestro mal nos ofrecen su mala cara.

 

A menudo soy yo quien convoco

a los que siento que me guardan

para sentir sus miradas,

más la de una deseada alma

que con beneplácito de su ama

me acaricia con sus manos doradas

y me besa con sus soleados labios

aun sin que yo vea sus manos

ni a descubrir acierte su boca.

 

En el destello de esta nueva jornada

que recibo boquiabierto

un sosiego inesperado

exento de reflexiones

aunque seca el agua estancada

de viejas tormentas pasadas.

 

Y su calor,

por la acera iluminada

es de momento bastante

para continuar caminando

hasta que el espíritu

de aquella ama soñada

se haga mortal carne

por fin visible y cercana

cálida, mojada…

 

A veces sacamos lo mejor de nosotros

El día pasa plano salpicado de conversaciones, algunas apenas más interesantes que las mantenidas en el ascensor de casa. También de vez en cuando coincidimos con personas con las que intercambiamos opiniones acerca de temas, estos sí, interesantes, pero en las que a menudo somos incapaces de hallar el brillante tono que desearíamos con nuestras palabras, las que retratan justo nuestro pensamiento, nuestros sentimientos, e incluso vayan más allá del mensaje estricto. Sentimos entonces que la lengua y las palabras no nos sirven más allá de su utilitaria necesidad, faltas de pasión, de chispa para con el otro contertulio, y evidentemente con nosotros. Pero muy pocas veces, y con sorpresa, descubrimos que traspasamos una invisible barrera, que estamos tan a gusto hablando, empleando nuestro acumulado y a veces desconocido repertorio de palabras y de pensamientos, de gestos, salpicando aquí y allá teatrales silencios y ritmos acompasados, elaborando con acierto nuestro discurso a medida que hablamos , que entonces nos invade una especial euforia y un reconocimiento de que lo mejor de nosotros está saliendo más allá de las propias palabras, pues es verdaderamente entonces cuando uno se siente navegando en la espuma abstracta, brillante y mágica del culmen de la evolución humana. Y es lenguaje, pero unido a nuestro propio comportamiento que se reconoce en los hechos, ahí estaba la profundidad que hay en nosotros y que a menudo desconocemos.
Pero esto es a veces, muy pocas veces, y entonces nos sentimos orgullosos del descubrimiento, pero también de lo descubierto.

Reflexionar

El viento hace sonar las persianas de la ventana, -digo esto y quisiera decir otras cosas- como una presencia incorpórea y gamberra. En el silencio de las primeras horas de luz de este cualquier día un momento extrañamente reconfortante paraliza mi pensamiento para mecerme en el algodón de lo todavía no decidido, el día aún espera. Estoy sentado aquí, junto a la ventana, para reflexionar, me dije, veinte minutos antes de despertar a los niños para ir al colegio, y el viento hace sonar las persianas y me siento pequeño pero acogido en este mundo aún despoblado. Siento frío en esta mañana de primeros de marzo mientras los invisibles componentes químicos de mi cuerpo asientan su básico funcionamiento.
El viento hacer sonar las persianas y en mi boca el sabor del café de hace un rato es necesario aliciente. En mi vida de fuera los personajes comienzan a situarse y a montar sus decorados, el teatro del día abre sus puertas para que todos en él entremos, el escenario recién fregado desprende olor a lejía. Allá voy. El día será largo, tal vez anodino como un autobús lleno al mediodía, tal vez excepcional en su mirada. Preparo el desayuno de los niños y les doy un beso justo antes de despertarlos, de comenzar su día con ellos. Y cuando salga, mil miradas, cien mil palabras, algunas sonrisas, semblantes serios, todo me espera.
Cuando llegue la noche me dormiré probablemente agotado.
- Pero, ¿no ibas a reflexionar?
- Se me fue el santo al cielo, seguiré mutando durante el día mis pensamientos.
Entonces, en los escasos minutos que van entre apagar la luz y perder la conciencia de estar solo en la oscuridad, tal vez recuerde efímeras explosiones placenteras, tal vez vergonzosas meteduras de pata, y todo alimentará mis sueños aun sin saberlo, mientras el viento sigue recorriendo tenaz los huecos de las ventanas, y jugando con los agujeros de las persianas, moviendo la ropa de los balcones cercanos, recordándome que su fuerza hace mis pensamientos y se los lleva, y que también algunos se quedan. Pero tantas cosas entremedias.

Tras las elecciones en el País Vasco

Los nacionalistas vascos dicen que consideraran una agresión un pacto entre el PP y el PSE para formar gobierno en el País Vasco, y todo por querer desalojarlos del poder, como si no fuese legítimo hacerlo, ni democrático que dos partidos democráticos pacten entre ellos para gobernar o lo que sea. Bueno, yo lo único que creo es que probablemente es una mala idea el hipotético pacto, porque a pesar de que me parece cojonudo que acaben con esa especie de conglomerado que el Partido Nacionalista Vasco forma con el gobierno del País Vasco hasta a veces confundirse, los dos partidos no nacionalistas no tienen en común más que -y eso es desgraciadamente mucho- el peligro cierto de muerte de sus militantes por parte de la facción sanguinaria, becerra, cabezotavacía, parroquiana, hortera y de mensaje plano y sobado, es decir de ETA y sus adláteres. Puede que el gobierno en solitario del PSE sería suficiente, luego ya se vería.

 

Si el PNV  pasa a la oposición, el nuevo gobierno que se forme habrá de lidiar con una oposición que siempre tratará de subrayar la pretendida ilegitimidad de los socialistas porque, según ellos, no son verdaderos vascos y obedecen a Madrid, no se si a la “bota de”, al “gobierno de”, al “Atlético de”o a la misma Cibeles. Tal bestialidad, tal pobreza de espíritu, tal odioso mensaje, además, de alguna forma alimenta a los becerros horteras manchados de sangre. No olvidemos tampoco uno de los últimos mítines del PNV donde, me parece que era Ibarretxe, decía que “no se dejarían avasallar ni por ETA ni por España”. Tiene huevos la frasecita equidistante, pero que iluminadora es, en cualquiera de los casos, de su pensamiento envenenado.

 

En fin, que sería una buena noticia que el PNV se fuera, y que ójala no solo acepte los resultados de las elecciones, -faltaría más- sino que además considere natural que el gobierno pase a otros partidos a pesar de que en estos no sea el nacionalismo su principio y fin, ni la independencia su objetivo. Y que cunda, si bien también espero que no sigan el ejemplo del PSC en Cataluña y no se dejen llevar por la tentación de arrancar votos en el campo nacionalista adoptando parte de su mensaje y de sus principios. Esto, lo aseguro, llevará a mucha gente al hastío, y a que vuelvan los que ellos quieren que ahora se vayan. Ya veremos.