Atocha 23:25
Madrid noche marrón
de farolas de luz difuminada
la gran estación casi vacía
ya partieron los trenes repletos de esperanzas,
despacio, bajo un tupido techo de cables
rodamos sobre raíles que alguien nos abre
para encontrar el rumbo cierto
cruzando sobre mil destinos en la noche española
rechinando pesado y blanco
el tren cruza sobre la ciudad latente
que ansiosamente miro
salpicada de oscuridades.
El Pozo del Tío Raimundo
recién pasada Entrevías
es la noche de viejos barrios nuevos
que cruza la M40 de aguas oscuras
alguna luz cansina la navega.
Y el ruido del viaje
en las ruedas de hierro se depura
bajo el vagón blanco
que de nuevo frena
Vallecas ahora
más allá de los áridos descampados
es Lola con su bata blanca
y su risa ambulatoria
en su inmersión diaria de vida
en este barrio afamado
de mala fama antigua
hay mil luces encendidas,
por la puerta que se abre
a la noche azul cielo
un frío cortante
que querría acompañarme.
Pasa repentino un tren inacabable
veloz y pesado de coches cargado
en vagones de amarillo intenso
por el ancho río de raíles brillantes.
Se cruzan, intuyo,
las almas que perdidas vagan
algunas certeras acuden
al brillo de unos labios
o atrapadas por una misteriosa mirada.
La inexistente mole negra de la fábrica de cemento
la traspasan hoy largos bloques
de iluminadas ventanas
el tren corre tras Vicálvaro
por los intersticios negros
de un Madrid que se escapa
y que ilumina el cielo.
Las antiguas estepas,
donde antes verdeaban los juncos
son hoy dóciles parques,
junto a casas nuevas.
Pasamos Coslada
más allá camiones que son cajas
naves que son más cajas,
una gasolinera en la colina
y por encima, como soles,
las potentes luces de Barajas.
Ya se ve la doble fila de aviones
que aterrizarán gemelos
sus blancas luces suspendidas
se aproximan por mi derecha,
por mi izquierda sus luces rojas
casi tocan ya el suelo.
Los viajeros que aquí suben llevan el cuello subido,
incluso alguno bufanda
en San Fernando, el ruido de los aviones
es una sintonía en punto
que suena cadenciosa
cada medio minuto,
cada minuto.
¡BRUAAAAAaaasscheeeEEEeee!
sobre nosotros,
¡Otro!
Tras la estación,
el río Jarama
oscuro de noche y de chopos
resguardando patos blancos
escondidos en sus orillas.
Las luces de la M45 pespuntean el horizonte
de kilómetros de almacenes, fábricas y talleres
Torrejón, el pueblo más feo del mundo
y probablemente no es así.
La Base de Torrejón dieciocho meses de azul
en la helada pista de la noche de la gran meseta
ahora ya no hay americanos,
no hay zippos, ni hamburguesas.
El destino se acerca,
en la ladera oscura del Viso
las antenas de luces rojas,
tras el Torote La Garena
esta nueva Alcalá con el Corte Ingles su nuevo templo.
Llega la hora
en este cruce
en la mitad justa del universo
termina este viaje en la noche
Siento que no existe el tiempo
aquí están mis amigos
en la estación roja
junto a la pared me esperan
aquí estoy de nuevo,
se abren las puertas
al fin sus graves caras
alguien nuestro que no está
está con ellos, conmigo
abrazos, besos
pasos lentos.
Estoy en Alcalá de Henares, 23: 58
hace unas horas que Lola ha muerto
29 de octubre y 4 de noviembre de 2008
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Perder un amigo/a querido y joven es como recibir un golpe bajo. Consideramos que la naturaleza ha incumplido sus reglas: los ancianos primero. Pero la estadística no es una regla de obligado cumplimiento. En este caso la vida se ha llevado por delante a Lola y ha dejado instalado el dolor en su familia (tal y como nos ha pasado a casi todo el mundo en las pérdidas más cercanas) y os ha cruzado la cara, con un sonoro revés, a vosotros, sus amigos. En el guión de la película que a lo largo de tantos años habéis ido rodando juntos, habrá una frase que con mucho cariño dirá: “Lola, ¿por qué nos has hecho esto?”. Como si ella tuviera la culpa, ¡encima!.
Tu poema “railroad” (nunca mejor dicho) muestra un alud de sentimientos que necesitas darles salida cuando se abren las puertas del tren en Alcalá. Sin embargo, en el trayecto afloran, dando fe notarial de lo que sientes por dentro y de lo que percibes a través de las ventanillas: esos barrios y ciudades por los que transita el tren. Ese trayecto que tan bien conocemos quienes vivimos en Alcalá de Henares y que nos haces revivir.
Es un poema empapado de tristeza, como no podía ser de otra manera. Pero también es un poema de supervivencia: el Jarama sigue ahí, también Vicálvaro o Coslada, el cerro del Viso, Alcalá y, por extensión, Barcelona, como si dijeras “no hay mas remedio que seguir para adelante” porque nuestros ojos seguirán viendo este paisaje y nosotros viviendo. ¿qué otra cosa podemos hacer?. Vivir es recordar, y el recuerdo otorga otra forma de vida. Nosotros en el lado de los que respiran, viven y recuerdan, los que se han ido viven en nosotros en el “intercambiador” de la memoria.
Has escrito un sentido poema/tributo a una gran amiga que se ha ido.
Es un gran homenaje a Lola.
Un abrazo,