Consecuentes

● El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, al comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn: “Mañana aprobamos la reforma del mercado laboral y va a ser extremadamente agresiva, con mucha flexibilidad en la negociación colectiva y reduciendo la indemnización por despido”.

● El ministro de Justicia, Ruiz Gallardón sobre la reforma de la ley el aborto: “Probablemente, lo más progresista que yo vaya a haber hecho en mi vida política, es defender el derecho a la vida”:

T R I B U N A L S U P R E M O      Sala de lo Penal

Sentencia Nº: 79/2012

Debemos condenar y condenamos al acusado Baltasar Garzón Real como autor responsable de un delito de prevaricación del artículo 446.3º, en concurso aparente de normas (artículo 8.3) con un delito del artículo 536, párrafo primero, todos del Código Penal, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de multa de catorce meses con una cuota diaria de 6 euros, con responsabilidad personal subsidiaria conforme al artículo 53 del Código Penal, y once años de inhabilitación especial para el cargo de juez o magistrado, con pérdida definitiva del cargo que ostenta y de los honores que le son anejos, así como con la incapacidad para obtener durante el tiempo de la condena cualquier empleo o cargo con funciones jurisdiccionales o de gobierno dentro del Poder Judicial, o con funciones jurisdiccionales fuera del mismo, así como al pago de las costas procesales, incluidas las de las acusaciones particulares. Sin condena en cuanto a responsabilidad civil.

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 Cada vez es más evidente quienes son los que mandan ahora en España y que es lo que piensan, recordémoslo más a menudo, sirvan estos recordatorios cogidos casi al vuelo.

De balcones y salones

Sale Mariano Rajoy al balcón subido a una peana que le hace parecer más alto de lo que es, y ahora ya sí, ahora ya está claro, ha ganado las elecciones; Zapatero parece ahora un sueño, un sueño de siesta y boca pastosa, del que al final despiertas paralizado e impedido de recordar lo soñado.

- La manida crisis ha asustado a los electores que han votado a los otros. La gran crisis que nació en los Estados Unidos y que luego despertó la nuestra que, todo hay que decirlo, no nacía de la nada, ahí tenemos los esqueletos de hormigón que pueblan fantasmales tantas urbanizaciones.

- Sin recurrir a lo esperado en cuanto a la escasa sensibilidad social más allá de lo por ley obligado, que demostrará el nuevo gobierno, pronto entrarán en escena, y en tromba, un conglomerado de señores de pelo peinado al agua, abrigados con chalecos de boatiné y parkas Barbour de color azul oscuro, y de señoras que por fin decidieron teñirse el pelo de rubio. No les reprocho su vestimenta, cada uno tiene derecho a su propio grado de horterez; lo peor son los que pasándolo mal les han votado, los que se han traicionado sin saberlo. Estos van vestidos como tu y como yo,

-Tanta gente que no ha caído en que al partido de Mariano “cara de bueno” le apoyan la Santa Iglesia española y sus obispos de otro tiempo tan ajenos a la caridad cristiana; la COPE, Intereconomía o la Razón con su desfachatez venenosa que tan poco tiene que ve con la información; algunos dirigentes de la AVT que sin ninguna vergüenza han malgastado el capital moral de sus asociados; aquellos que serían capaces de matar al prójimo en nombre del nonato y de la Santa Cruz; aquellos políticos  que han levantado una muralla de nueva construcciones en cientos de kilómetros de sus costas y se les llena la boca de España; los hacedores de aeropuertos y autopistas sin viajeros soberbias muestras de la arquitectura vacía; o los jueces trastornados tan alejados de la Justicia. Por tanto, son muchos los que esperan no ser defraudados y que miran de reojo al nuevo presidente para que, ya en el poder, cumpla lo que les debe por haberlo ayudado.

Después de ver el balcón de Génova en la tele, pasamos al salón del Hotel Majestic de Barcelona, donde unos señores que exhiben otras banderas dicen que la gente les ha entendido, y como un grupo de teletubies adictos a la esencialidad, cantan su himno patrio del que se han apropiado mientras se les sale la baba entre los intersticios dentales. Aquí espera turno otro episcopado de curas, cantantes y poetas del régimen, mientras la verdadera bandera que es su televisión de ciencia ficción es ocupada por una tropa de comulgantes expertos en una conya de consumo interno, que se arrodilla cada día ante un altar de castellers vestidos con camisetas azulgranas.

En fin, la tristeza se pasa, el tiempo también, aunque se pierda.

ETA, Gadafi

Hoy la portada del periódico es inolvidable por la impresión que causan los titulares de la primera página; ETA deja la lucha armada y Gadafi muere linchado por la turba. ETA no ha tenido suerte con su puesta en escena, el cadáver golpeado de Gadafi le ha arrebatado las portadas, aunque ya la había perdido hacía mucho tiempo, diría que desde sus comienzos, más allá de los aplausos de sus acólitos, más allá de la admiración que le dispensaban quienes la mitificaban, o mitificábamos en sus principios, por su arrojo contra la Dictadura, reconvertido después, -luego caímos en ello, y tanto que caímos- , en miseria intelectual y humana que enseguida se mostró en carne viva, o mejor diríamos, en carne muerta, perdonad este oportunismo barato.

A los del comunicado de ETA no se le ve la cara, a Gadafi la de un cadáver maltratado. El trío de ETA aprovecha el decorado de otras funciones, las banderas pertinentes, las capuchas vergonzantes, las boinas identitarias, el puño en alto. A Gadafi le hacen fotos con teléfonos móviles algunos de los que le maltrataron o mataron, inmóvil para siempre ya, y a merced de los fotógrafos, primero asesinos.

Los que quedan de ETA salen ilesos, no se si radiantes, pero salvando el tipo, no sus encarcelados o sus propios muertos claro; y mientras, a sus víctimas las recuerdan quienes vencieron a los de la boina, es decir nosotros, pues los del comunicado no tienen sitio para incluirlas, ¡faltaría! Gadafi no sale, se queda, sus víctimas se lo han cobrado, o eso creen.

El terror se va, de España, de Libia, aunque no estoy seguro de que en el caso de Libia, después de ver las últimas imágenes grabadas antes de que Gadafi muriera,  eso sea así y no vuelva envuelto en otras banderas. Respecto al terror vasco, me parece una excelente noticia que el miedo haya desparecido para tantos que no estaban en la onda de los “valerosos”  gudaris, pero eso no puede servir para que se crean legitimados como eméritos héroes que viven de las rentas de sus hazañas,  aunque ya no maten. Bien que todo acabe, bien que cada uno apechugue con su conciencia, pero se solicita discreción.

No lo olvidemos, la primera condición del arrepentido es que primero fue un asesino o un ladrón. No se lo estaremos repitiendo, pero que no se les olvide nunca,  tampoco a nosotros. Todos erramos, sí, pero apechugamos con las consecuencias, o con las noches en blanco de nuestros errores, no los salvemos por tanto, tienen derecho a ser otros, pero han sido unos desalmados, nosotros no, al menos no hemos caído por esa sima humana, y esa contención a nosotros si nos redime, a ellos sólo el arrepentimiento sincero,… y la discreción.

Lo hecho hecho está, no quisiera ser entonces aquel que de repente cae en pensar en las vidas que impidió continuar por su colocón patriótico, su seguidismo de cuadrilla, la falta de valentía para ser otro; para mi sería insoportable, creo que igual que para aquellos que de repente despiertan a la cotidiana realidad de una vida normal lejos del sinvivir de esconderse.

Barça, no hay nada más

Crisis, acampadas, sol, frío de nuevo, lluvia, y de nuevo sol, y ahora nubes negras, pero fútbol, más fútbol, Barça, más Barça, brutalidad policial para dejar la plaza de Cataluña a los nuestros y echar a tanto guarro que nunca nos votará, pero eso son noticias pasadas, ahora lo son las banderas del fútbol en los balcones, y también las de la patria, la nostra claro, con estrella y sin ella, en los mismos balcones, como en el Corpus, pero en Barça, en Cataluña.

Los legionarios de la conquista balompédica hacen del autobús publicitario donde viajan, su arco de triunfo, y mientras, beben cerveza y cava. A su paso las masas gritan, se disfrazan, los padres llevan a sus hijos de la mano a bautizarlos en la nueva religión obligatoria, ¿cómo negarse?, compran camisetas, “compre, compre”, como decía Cucharada. Una vez la masa uniformada y perdido el decoro cualquier cosa es posible, la crisis dejó de existir y la felicidad inundó las almas. Los nuevos creyentes creyeron entonces sentirse iguales ante su gran manto: blancos (de piel), negros, cobrizos y amarillos, ricos, pobres, igualados por los colores de una misma camiseta. La democracia verdadera, no la que pregonan los de “Democracia real, ya”, no la que nos obliga a ir al colegio a votar. Ésta es la verdadera justicia, creyeron, el fin de las clases sociales bajo un manto azulgrana, como un nuevo cristianismo, ahora sí, el fin del marxismo y de la lucha de clases. Todos igualados por los cantos, tan diferentes sin embargo a los que en su error decidieron vestirse de blanco, como no podríamos serlo, ante semejantes horteras, nosotros, por Dios y por Messi, nosotros somos los elegidos, y vestimos la camiseta más bella del Emirato de Qatar. ¿Que se han creído?, ¿quiénes? Pues los que adoran al horrible monstruo a quien Dios guarde muchos años, Mou el necesario que acrecienta nuestros odios.

Este año también dormimos en el olimpo de los elegidos, y te obsequiamos, ¡Oh rey honorable de nuestra patria, príncipe de la nostra, conde del nostre, jefe de nosaltres, barbilla displicente, que en la noche oscura vistes corona y manto de armiño del color de las banderas de los balcones! A ti, el nuestro, digo, te obsequiamos este triunfo mientras te miras en el espejo y un tropel de castellers untados con pancontomate te rinden homenaje en ceremonia retransmitida por la televisión obligatoria para entrar en el reino cuatribarrado de los cielos. Y mientras la hortera marea que quisiera soñarse Dolcegabanna, por la calle se desparrama, la nación gana, y galopándola los nacionales de la cosa babean y se ciscan por lo bajo en esos súbditos allá abajo que tuercen el gesto pero poco, pues les han regalado un pack con dos banderas, una azulgrana y una señera, un bocadillo de butifarra en pan con tomate, y los nuevos mandamientos para ser un buen nativo aunque no lo seas ni nunca lo vayas a ser, ni falta que te va a hacer.

El sentido común se escondió bajo un banco de la plaza de Cataluña, primero dudó en hacerse como todos con una bufanda ganadora, pero luego optó por dormir con los acampados, pues al menos eran más reacios a manipular banderas.

El mundo va deprisa en las últimas fechas, por no haber no hay ni sol, y ahora hablamos de pepinos envenenados. Todo es cada vez más extraño, pero mientras sigamos triunfando en el césped el arrollador devenir de los tiempos nos respetará.

15M

Mucha gente se pregunta dónde terminará el movimiento que se ha venido en llamar 15M, y que ha llevado a cientos de jóvenes a acampar en la Puerta del Sol de Madrid desde hace ya varios días, y que se ha extendido por plazas de toda España. Es difícil de saber, pero verlos me conmueve, primero porque va más allá de nuestras sesudas y tópicas conversaciones que a menudo mantenemos con amigos y familiares sobre como arreglar el mundo o sobre la actualidad política de España. Por primera vez no vemos a jóvenes uniformados para la revuelta que tan a menudo termina en una violencia difícil de comprender, más allá de una estética vacía e incongruente. En la Puerta del Sol hay, claro, jóvenes uniformados, como todos lo somos de una u otra tribu,  pero sobre todo vemos que se ha impuesto una organización autogestionada habitada por jóvenes, mayoritariamente de izquierdas, claro, pero que son, sobre todo, jóvenes, valga la redundancia. Tal vez lo que a mucha gente les hace desconfiar y mirarlos por encima del hombro es precisamente su juventud. Su pretendida inmadurez les iría aparejada, como si los que somos más mayores fuésemos por tanto maduros y ya nos hubiésemos planteado cambiar el mundo, aunque si no lo hemos hecho es porque nos estamos tomando tiempo reflexionando desde nuestras butacas recalentadas, tanto que al final nos hemos quedado dormidos y al final han venido estos y han ocupado nuestras plazas.

A menudo, hablando sobre este asunto, sale a relucir el latiguillo, “Está bien, pero son unos happyflowers que no presentan ninguna alternativa consistente”. “Muy bien”, yo contesto, “pero de momento se han plantado en la calle para  hacerse visibles y dejar en evidencia algunas de las fallas de nuestra democracia, entre ellas la falta de perspectivas  de ese misma juventud,  y además han conseguido que los medios de comunicación se hagan eco de su presencia”. El movimiento ha pillado por sorpresa a los partidos políticos, y muchos de sus dirigentes, -oportunistas como son-, se han apresurado a decir que les comprenden, que los apoyan, y ya está. Ni una autocrítica, ninguna reflexión sobre el futuro cercano, siguen pidiéndonos el voto para las próximas municipales y autonómicas. La calle comienza a hervir y ellos miran para otro lado, los que más, claro, los del PP, que añaden una sonrisa sardónica. Y es que estos tienen poco de preocuparse, -al fin y al cabo sus votantes no pasarán la noche encima de un cartón en la Puerta del Sol o en otros lugares de España-. Tampoco CiU tiene mucho de que preocuparse, -sus votantes tienen sociológicamente mucho en común con los del PP-, pero si en cambio el PSOE, y en menor medida IU, que ven como esta revuelta inesperada les arrebata la bandera del cambio y de su presunta vanguardia social que deberían liderar. Es evidente que para el PSOE esto supone un nuevo golpe que creo le vendrá a dar la puntilla en muchas urnas.

Son evidentes los deseos de cambio real para nuestra democracia  en muchas personas, jóvenes o no, de toda España.  Si todo esto no se apaga de una forma inesperada, es posible que esté en ciernes el nacimiento de una renovación profunda de nuestro sistema político que ójala desarbole las estructuras de poder y de partido hasta ahora conocidas.

En estas próximas elecciones parece casi seguro que el PP ganará muchas alcaldías y algunas comunidades autónomas que no gobernaba. No será por culpa de los indignados que acampan por nuestras plazas, pues no son ellos los que votan al PP. Tal vez lo que debamos preguntarnos es como entre todos hemos sido capaces de dejarnos adormecer hasta el punto de que haya mucha gente que será capaz de votar a políticos corruptos, mentirosos y poco evolucionados ideológica y socialmente, en su mayoría en las filas del Partido Popular. Pero no olvidemos las carencias de una izquierda que ahuyenta a sus desorientados posibles votantes con comportamientos incompatibles con su ideología, por ejemplo en su aproximación ideológica a los nacionalismos, en su falta de entereza en aplicar el programa presentado y por el que se les había votado, o en su excesiva condescendencia con la derecha retrógrada, eclesiástica, económica y política.

Me ha sorprendidoy me alegra la movilización de Sol, yo también tengo esperanzas.

¡Es que nosotros somos diferentes, oiga!

Que curioso es todo, que diferentes las cosas, las personas, pero que iguales los autobuses que nos llevan y los cuerpos blancos, morenos o negros. Que diferente la evolución y el desarrollo de las costumbres, de la solución de los problemas, pero que iguales las preocupaciones por el trabajo, el pan, los hijos, la dicha, la guerra o la violencia. Que diferentes las banderas, y sin embargo, que limitadas e iguales todas, siempre rectangulares, con colores elegidos de una dada gama que de forma distinta se combinan. Que diferentes los pueblos y ciudades, pero que iguales las ratas y las líneas del asfalto de las calles. Que diferentes los fríos y los calores secos o húmedos, pero que iguales las camisetas de manga corta y las pellizas. Que diferentes nuestros sufrimientos y placeres, pero que parecidos nuestros dolores de muelas, nuestras decepciones personales, nuestros enamoramientos. Que diferentes nuestros wáteres pero que iguales nuestros acuclillamientos en la taza o sin ella. Que diferentes nuestras salsas, pero que iguales nuestras formas de mojar el pan en los platos. Que diferentes nuestras patrias, pero que iguales nuestros líderes que nos engañan y nos distraen de nuestros dolores, de nuestros amores y de nuestras salsas.

Malditos aquellos que priman las diferencias para agrandarlas enterrando todo lo que nos iguala aún siendo tan distintos, sólo por avaricia, por ansias de poder y por demostrar que son los más patriotas luchadores de su diferente tierra que también forma barro cuando se moja, los odio.

Los papeles de Wikileaks

Estoy leyendo estos días todas estas nuevas noticias, ¿nuevas? Sobre los despachos, informes o cables de las embajadas de Estados Unidos repartidas por el mundo, a su Departamento de Estado. De repente me parecía como si estuviese asistiendo a la apertura del sobre con la carta donde se explicaba el tercer secreto que la Virgen de Fátima contó a las pastorcillas, o la prueba definitiva de que hay vida en Marte, e incluso discotecas subterráneas que algunos astronautas terráqueos ya han visitado.

Leyendo ese cúmulo de papeles hemos visto confirmada la existencia de un mundo subterráneo, pero bajo ésta nuestra Tierra, que el ciudadano no conoce más allá de los comunicados oficiales de los gobiernos, las fotografías de seres sonrientes que se dan la mano tras entrevistarse y que intentan plasmar en esa pose, la transmisión de una idea sobre por ejemplo la buena sintonía entre sus dos países, o bien los discursos siempre contenidos, bien trabados y plagados de tópicos y sobre todo tan aburridos, con los que nos obsequian nuestros representantes políticos habitantes ya de otra galaxia en la que se establecieron huyendo de nosotros, que nunca sabremos entender las supremas razones que explican sus actuaciones, que siempre son, claro, en pos de un interés superior a nuestras mezquinas exigencias de justicia básica, a nuestra fea costumbre de no entender la “complicada” realidad que ellos si entienden, porque el mundo es “complicado” y no tan “de cajón” como el que podemos ve en nuestros trayectos diarios de nuestra casa al trabajo.

Es éste un espectáculo esperanzador, pues al contrario de lo que se dice, creo que humaniza a políticos, embajadores, jueces, fiscales, guerrilleros, primeras damas, hombres fuertes en la sombra, ulemas, militares, presos, mafiosos, sacerdotes, etc. Todo lo que sospechábamos y que ya habíamos aceptado nos escondieran, aceptando nuestro papel de comparsas, pues bastante tenían con lo suyo, resulta que ahora podemos verlo, leerlo y escucharlo como aquel diablo cojuelo que levantaba los tejados de Madrid para mostrarnos lo que pasaba bajo ellos. Y ¿qué descubrimos?, pues que tienen opiniones como nosotros más allá de sus gobiernos, que nos son tan rectos y sin alma como parecen, que son mezquinos y también agudos, que no se dejan llevar por sentimentalismos cuando del prójimo se trata, que son egoístas y también ensimismados, que detectan las pasiones humanas y sus debilidades, también del prójimo. Que son envidiosos y exhaustivos, en fin, que se parecen mucho a nosotros, y que, en definitiva, son tan simples como nosotros, tanto, que también mienten, y mucho, como nosotros.

Pero si, somos muy iguales, nos escandaliza lo que descubrimos en ellos, tal vez porque en el fondo habíamos depositado en ellos nuestra confianza y queríamos que fuesen realmente distintos. Queríamos creernos sus discursos y el mensaje de sus fotografías, porque necesitábamos creer en un mundo mejor, y sin embargo, aun con la buena noticia de poder saber lo que pasaba, de sentirnos más libres por ello, en el fondo también nos apena que sean como nosotros, aunque tal vez, ahora que parecen descubiertos cabe la posibilidad de un mundo más sincero en el que desaparecieran los dobles raseros y el mensaje soterrado de los gobiernos, de los jueces, de los bandidos, de los religiosos y de sus embajadores, aunque ya sabemos que esto no va a ser así, pues derrumbada la antigua torre, ya estamos asistiendo a la construcción de una nueva donde todos quepan de nuevo, y ahora, no nos engañemos, sabrán que no se les debe escapar nada, pues peligra su distinción, y para eso si que no están entrenados, nosotros sí, y por eso no nos queda más remedio que aceptarlo, tal vez porque al final somos más sabios, pero también más confiados, y eso ellos si que lo saben.

La laguna negra del pesimismo no es hermosa como la de los Picos de Urbión

Los datos y las noticias  sobre la actualidad internacional, nacional, autonómica o local forman una masa que se amontona y se apreta sobre el embudo de nuestro entendimiento hasta el punto de pudrirse y destilar las gotas que alimentan nuestro ánimo, siempre, salvo algunas que nos reconcilian con el individuo, van a parar a la laguna de negro pesimismo que se aloja en el fondo de nuestro estómago, donde con el bamboleo de nuestros pasos nos recuerda con dolores su existencia.

El mundo sigue igual que siempre, si a comportamientos humanos se refiere, somos esclavos de las mismas miserias, de los mismos errores, también de las mismas grandezas.

Haré, sin pensarlo mucho, porque no es necesario bucear mucho en la laguna para encontrarlos, una pequeña lista de hechos que corroboran mi percepción:

1. El mundo está tan superpoblado que además del agobio de encontrarnos con tanta gente por nuestras aceras, es difícil no pensar en que dentro de no muy poco tiempo no habrá suficiente especio ni recursos para que estemos, nos desplacemos y nos alimentemos todos en la Tierra.

2. La injusticia sigue vigente, aunque quizás nunca ha sido tan evidente si miramos la diferencia que existe entre la magnitud de lo que posee un sector muy pequeño de la sociedad mundial y lo poco que posee la inmensa mayoría de los habitantes de un mundo nunca tan poblado.

3. No se si volverá a haber guerras como las de antaño, no lo creo, pero la desesperación de miles de individuos por si solos u organizados bajo las siglas más interesadas, hostigará de mil maneras a aquellos que envidian y a todos lo que les rechazan, y con ellos iremos el resto, pues sin duda seremos todos quienes lo paguemos.

4. Los bancos amenazan que si no aumentan o mantienen sus ganancias arrastraran a la economía y por tanto al mundo en su caída. Los parados se quejan pero no pueden amenazar más que a unos pocos, casi siempre a sus más cercanos. Los estados no muestran su impotencia a las claras, si no que se dejan llevar y hacen caso a los bancos y a las grandes empresas, y sobre todo a otros estados más poderosos.

5. Los particularismos y las mentiras se extienden por la vida política, y en el caso de la española, nacional o autonómica, con excepcional dedicación. Ya nunca viviremos en un país donde lo importante sea vivir, sino discutir sobre como queremos vivir y algunos sobre lo diferentes que son a sus vecinos autonómicos, lo cual es evidentemente materia celestial y cuestión de fe, y que nos resta todo el tiempo necesario para la vida normal, para disfrute de los teóricos que construyen naciones y basan en esto la felicidad soñada que tan ciegos, sin saberlo o interesadamente, no ven que ya la tiene delante. Los españolitos, o perdón, los ciudadanos autonómicos, perplejos, o no avisados, o se dedican a cultivar tomates o se lo creen tanto como los embusteros que los jalean para participar en sus quimeras, y así estamos, sumergiéndonos en el disparate en el que muchos preclaros con gusto bucean.

6. Y finalmente una de grandeza. María es una chica sincera que de chiripa ha sorteado los cantos de sirena y las zancadillas de los bocazas en su caminar diario. Es una chica normal que no destaca especialmente, pero que sonríe como a lo largo de toda su vida ha hecho, y esa sonrisa que es su fuerza es la que me hace tener esperanza de que a pesar de todo hay personas  de naturaleza optimistas que pueden empujarnos al resto y nos hace olvidar a los memos y a sus razones embusteras. Por que algo me dice que cuando su sonrisa se extiende por las habitaciones de las casas y por las calles, que ni los políticos ladrones, ni los banqueros en su blindada nube, ni los gobernantes inútiles, ni las naciones sin estado que se inventen mañana, ni los bobos que se creen lo mejor del mundo, ni Al-Queda o  sus compañeros de métodos defensores de otras etnias o religiones podrán con esta sonrisa ni con mujeres como ella, pues aunque aquellos ganen, nos maten o nos hieran, siempre habrá una sonrisa como la de ella para mostrarnos que sigue habiendo personas que sin saberlo diariamente nos redimen y que, a la vez, engrandecen la especie humana, aunque sean sólo momentos.

El 12 de octubre

Ayer hubo un desfile militar en Madrid para celebrar la fiesta nacional del 12 de octubre. Cuando hacía el bachillerato, yo tenía un compañero cuyo padre era militar en la base de Torrejón y con el que fuí un día de desfile, que entonces llevaba el desgraciado nombre de la Victoria, a ver salir los cazas de Torrejón, que sólo cinco minutos después pasarían en formación por la Castellana. Era todo un espectáculo, pero yo entonces quería ser piloto de aviones, ahora ya creo que nunca lo seré, y pensándolo bien, tampoco me importa mucho, bueno, un poco.

Hace mucho que no veo algo tan aburrido como un desfile militar –visto uno visto todos-, pero parece que al desfile del 12 de octubre va gente de todo tipo, aunque últimamente se ha convertido en un lugar donde los fachas aprovechan para hacerse notar con el objeto de insultar a Zapatero y sus ministros, es decir, una tradición fachosa. Por otro lado, la propia fiesta es muy criticada por la izquierda que se dice más auténtica, porque dicen celebra un genocidio, también por independentistas de todas las Españas que dicen que es una fiesta nacional ajena a su “nación”, e incluso por falangistas de variado apellido que aprovechan para manifestarse por “su España auténtica y perdida”.

Decir sin embargo que el doce de octubre se ha convertido más en un problema que en una celebración, es falso, pues la mayoría de la población, excepto una multitud de zaragozanos que celebran el Pilar, pasa de ella, agradece, cómo en cualquier fiesta católica o pagana de las que se celebran durante el año, que ese día no sea laborable. Así que nos encontramos con que la fiesta del 12 de octubre sólo es celebrada por los izquierdistas más auténticos, por los más independientistas de cada territorio y por las reservas de fachas con bandera aquiluchal que quedan en cada lugar.

Esta celebración de la fiesta nacional de España a mi me parece curiosa e incluso me alegra, pues muestra como el llamado nacionalismo español es más una cuestión de sus opositores que son los que la revisten de contenido, que un sentimiento articulado y comparable al de los nacionalismos bien organizados de los territorios de las Españas, pero con el que actúan en involuntaria pero necesaria amalgama. Mientras, unos, si pueden, se van de puente, los que no, pues se cagan en todo si le pasan los aviones del desfile por encima de su cabeza, y otros, pues felicitán a su amiga o su prima que se llama Pilar.

Dachau – Alemania

Dos filas de grandes chopos se inclinan a la vez ante el viento. A ambos lados de ellos se alinean los cimientos de lo que fueron barracones ordenados en cuadrícula con un ancho espacio entre ellos. Caminamos fijándonos en los paneles que informan mediante textos y fotografías de lo que allí había, del horror que uno imagina. De la desesperación de estar allí sin saber al principio por qué, pero por haber nacido con unas determinadas características, por pertenecer a un determinado grupo humano, por oponerse. El horror de que nadie supiese al otro lado tu paradero, del horror de dejar de ver a tu familia, de repente separada al llegar al campo, a tus compañeros y amigos, de no verlos nunca más, del horror de ver el cielo y los árboles más allá de las valla y muros, de ver a niños que juegan ignorantes -o tal vez no tanto- de donde estaban, de saber que no podrás salir, que no hay pena que cumplir.

Sopla el viento en esta mañana gris como este campo de concentración nazi, en este gran descampado cuajado de rectángulos donde se alzaban los barracones donde vivió tanta gente hacinada esperando la muerte, muchos aletargados en la desesperación,  anestesiados por la desesperanza que el tiempo estira indolente, muchos deseando un final, el que fuese. Al cruzar un arroyo caudaloso bordeado por muros y fosos llegamos por fin a una de las entradas a ese final presidida por el engaño, por el eufemismo malvado, y un pavor que se retuerce y se adivina como una niebla sólida y transparente en la habitación de espera, no muy grande, y en la habitación con la palabra ducha sobre la puerta desde cuyo techo, una vez cerrada, se desprendía el gas mortal que pensaban agua los cientos de personas hacinadas y ya desnudas que en turnos esperaban un alivio de limpieza, tal vez algunos más tarde deseando que fuese gas para terminar de una vez. El horror de nuevo más allá, en los hornos donde quemaban tanta carne, donde hacer desaparecer tanto volumen humano para hacer sitio a más carne, y las pruebas de la ignominia de ese comportamiento humano que algunos hoy no quieren creer, como si no se hubiesen producido horrores parecidos desde entonces en el mundo, quizás, es verdad, no tan bien organizados, quizás no tan perfectamente planeados. Y uno imagina y se horroriza una vez más, y mira fuera de los muros para intentar comprender a los de fuera, al pueblo llano: ¿Sabían? ¿Desconocían? ¿Imaginaban? ¿Lo entendían? ¿Sufrían? ¿Temían? ¿Miraban hacia otro lado? Cómo si no se hubiesen repetido masacres, matanzas, encierros, exterminios, silencios culpables, complicidades desde entonces, como si los humanos no fuésemos también esto, el lado oscuro de todo esto. Estos lugares hay que verlos, tal vez para tenerlos presentes, tal vez para que muchos nos propongamos negarnos con nuestra vida a que se repitan. La cobardía es la culpable de todo ello, la cobardía y el lado oscuro del ser humano, la maldad, el orgulloso desdén hacia la complejidad del mundo de aquellos que tiene siempre una solución para todo, cuanto más drástica mejor para arrancar sus problemas de raíz, y para seguir atemorizando y que ese miedo sea su pedestal y su castillo inexpugnable.

Recorro este campo inmenso de Dachau donde los nazis encerraron, maltrataron y asesinaron organizadamente a tantos miles de judíos, gitanos y alemanes opositores o sospechosos de serlo a su régimen, y siento que después del horror tenemos que ser sobre todo valientes, como en cualquier actividad de nuestra vida, pero mientras, recordemos que nosotros mismos estamos manchados por ese lado oscuro, por el que algunos exhiben orgullosos y por el que a veces desconocemos o escondemos para que no nos lo descubran. Ese es el que tenemos que extirpar para siempre de cada uno de nosotros.

Creo que la dignidad del hombre se salva un poco siendo capaz de mostrar al mundo el horror que muchos hombres fueron capaces de concebir y llevar a cabo. Aun teniendo en cuenta los avatares históricos que llevaron a la conservación testimonial de los campos de concentración nazi, Alemania me parece ejemplar hoy por mostrarlos.

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