Mañanitas

A veces uno sale de casa y las aceras están llenas de piedras sueltas de todos los tamaños, y encima cuesta arriba, menos mal que también a  veces, a media mañana, uno tiene ganas de comerse un bocadillo de tortilla española con una cerveza y parece que las aceras son alfombras mullidas que nunca querría que se acabasen en su animación diurna. Uno parece entonces inmortal, aunque el espejismo tarda poco en desvanecerse. Con las gafas de sol puestas bajo el sol esplendoroso, comienzo a leer periódico a la hora del desayuno sentado en una terraza, es entonces cuando comienzan a asomar realidades escondidas, pero ese es otro cantar del que en otro momento hablaré.

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