¿Y qué más? “Veneno y sombra y adiós” de Javier Marías

Regalo de cumpleaños 

Estoy acabando de leer el último libro de Javier Marías “Veneno y sombra y adiós”. Es el último de la trilogía “Tu rostro mañana”, y aunque deseo llegar al final también lo temo. Pocas veces pasa que uno disfrute leyendo un libro sin comerse algunas palabras que cree prescindibles para la trama con el afán de conocer el final. En este libro de Marías tan deseable es conocer el final como disfrutar y masticar el texto. ¿Y qué más?, se pregunta a menudo el protagonista en el libro recordando lo que su padre le preguntaba cuando era niño y él le explicaba alguna cosa, ¿y qué más? Tantas cosas, tantos pensamientos, y la familiaridad que establecemos con los autores que nos gustan, es como si volviésemos a nuestra propia casa al iniciar un nuevo libro de ellos. Javier Marías me resulta muy cercano, me siento bien leyéndolo y estoy contento de que exista porque se así que le leeré de nuevo, ¿no es eso como si fuera de mi propia familia? O aún más, ¿no deseo más sus palabras que las de muchos miembros de mi propia familia? ¿No es ese el lugar que ocupan algunos escritores en la vida de sus lectores que le aman? Como Marías escribe en su libro aplicándolo a la ciudad de Madrid, para mi mismo tan cercana, tan mía en mis recuerdos, pero a la que vuelvo y deseo volver a menudo, y que también se podía aplicar –forzando la comparación- a la lectura de un autor admirado cuando hace tiempo que no se le lee: Cuando uno lleva tiempo sin volver a un sitio bien conocido, aunque sea la ciudad en la que nació y a la que está más acostumbrado, en la que he vivido más largamente y en la que aún están sus hijos y su padre y hermanos y hasta el amor que tuvo firme durante muchos años (aunque ese lugar sea par él como el aire), llega un momento en que se le difumina y el recuerdo se le enturbia, como si la memoria se le viera aquejada de miopía y –como decirlo- de  cinematografía…(…)Así había llegado a ver Madrid durante mi ya prolongada ausencia: difuminada y turbia, acumulativa, oscilante, …  Ahora que llevo días leyéndolo y poniéndome por tanto en la imaginación y el pensamiento del autor, su presencia y su mundo es nítida en mi, me acompaña, y por eso no tengo más que agradecérselo, cómo no voy a hacerlo si tanto disfruto con sus palabras, sus frases, si tanto y tan bien me hace pensar, si tantos pensamientos que hubiera creído míos cuando en realidad no eran más que suyos, o puede que esbozados alguna vez en mi mente pero yo los he aceptado por su sensatez y profundidad en mi manera de ver algunas cosas de la  vida: La ciudad que un día antes estaba difuminada y turbia se hace nítida al instante e n cuanto uno vuelve a pisarla; el tiempo se comprime, desaparece el ayer –o es intermedio-, y es como si no hubiera salido uno nunca. De pronto sabe otra vez que calles tomar, y en qué orden, para ir de un lugar a otro, … Madrid, el autor, su escritura, todo se hace nítido, hasta la propia vida a veces cuando leemos algo que además nos gusta. Sí, pero ¿y qué más?

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