Es muy tarde ya

Es muy tarde para todo hoy ya, y quizás para mi propia vida,  para el mundo, y además ahora son las tres de la mañana. Una persistente tos me ha despertado y curioso de mi he encendido el ordenador para mirar por la que dicen es una ventana al mundo, y lo es. Aquí estoy, escribiendo con la sintonía del ventilador de esta máquina en el silencio aparente de la madrugada. Nunca debería uno pensar a estas horas en asuntos muy profundos, el sueño y la ansiedad de tenerlo al día siguiente te condiciona , por lo que tiendes a ser más pesimista de lo habitual y también de lo necesario, pero no puedo evitar caer en serlo respecto de las cosas que no me gustan, de mi, del mundo. No vamos bien, o al menos eso percibo, y no es que personalmente tienda al pesimismo, una y otra vez retomo el vuelo y me olvido de circunstanciales caídas, de irremediables caracteres que ya son indelebles en mi y que rechazo sin solución, pero es que creo, cuando miro la multitud que lo invade todo, que somos demasiados, que muchos consumimos hasta donde nuestro nivel económico nos permite sin pararnos en nada más; que casi sin descanso nos movemos como queriendo dejar atrás el presente en una carrera alocada hacia el final que siempre es imprevisible y siempre suele ser catastrófica, pero el mundo da síntomas  de estar cambiando a nuestros propios ojos hasta el punto de que los libros de geografía serán inservibles a medio plazo y, sin embargo, continúamos volviendo a casa cargados de bolsas del super o de tiendas repletas de bellos e irresistibles productos que necesitamos o mayormente que creemos que nos hacen falta. Volamos hasta donde podemos  mirando más allá sin pararnos en el más acá, y cuando nos queramos dar cuenta -o tal vez por que ya nos damos huímos todos los días más acá de nuestras encerradas existencias- el planeta se nos desbordará o se nos agotará y seremos fieras harapientas a la búsqueda de un trozo para sobrevivir, de comida, de ropa, de seguro lecho, pero mientras, y para no enfrentarnos a lo irremediable, soñamos con paraisos, con fantasías necesarias para seguir viviendo. Sólo en rápidos y olvidadizos momentos nos damos cuenta de que estamos condenados, por otro lado, como todos lo que por esta Tierra han pasado lo han estado,  si bien nunca este planeta ha sido como un hormiguero loco y superpoblado. La lucha por la supervivencia ha comenzado, de momento solo en África, y en todos los rincones del mundo donde hay una gran ciudad injusta como todas lo son en su pobreza más marginal y la que no lo es tanto. Y aquí estoy, escribiendo sobre el mundo a las tres de la madrugada y mañana, que es domingo, cuando me levante saborearé un café caliente y leeré el diario con la traquilidad del momento recobrado, de la rutina que nos empuja a disfrutar de lo que tenemos, de lo que poseemos y de los que queremos si tenemos tiempo. Como siempre mañana será otro día, probablemente un bello día, aunque hoy ya sea muy tarde.

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4 Responses to Es muy tarde ya

  1. Jordi says:

    LA vida de noche se ve diferente….te lo digo por experiencia propia…..
    Tiene un noseque que te hace ver la cosas de otro color. A mi me da por hablar y llorar……a otros como tu les da porr escribir.
    Luego te despiertas y ya nada es lo mismo. A mi la noche me parece a veces una pelicula en blanco y negro. Hay color pero no lo ves….

  2. Complutum H. says:

    Hola Miguel !, de momento no me vas a identificar, aunque te voy a dejar la dirección de un blog para que, cuando acabes de leer esto, salgas de la duda.
    En primer lugar, después de leer tu escrito sobre las sensaciones que te produce la noche, para mí es en ese momento cuando soy capaz de desarrollar las mejores ideas que me asaltan durante el día. El silencio, la quietud, la ambientación que uno mismo se crea, el té o el café, la música -tan tenue como la luz-, permiten que, si aparecen las musas, a uno le encuentren preparado para la creatividad. Respecto a tu visión del mundo coincido plenamente contigo en el camino , tan equivocado, que nos están haciendo tomar. En general no somos conscientes de que estamos en manos de unos grupos de poder económico que dirigen nuestras necesidades, nuestro ocio y, a veces, nuestra moral. Además, definitivamente, el mundo está dividido entre los que deciden el destino de los demás y los que están sometidos a ese arbitrio. Te remito a un poema que encontrarás que se llama “El mundo está en guerra” y al comentario que hallarás en el blog Arboladura sobre “La caverna” de Saramago.
    En segundo lugar, he visto la mayoría de las fotos que tienes publicadas en Internet y me parecen buenísimas. Hay días que apetece especialmente verlas, sobre todo días como hoy, gris, medio lluvioso; en estos días las disfruto doblemente, no por tendencia al desánimo, muy al contrario. Digamos que , al igual que con la noche, me siento más receptivo hacia la creatividad.
    Y, por último, en una entrada aparte, te voy a dejar escrito un poema sobre lo que es para mí la noche.
    Un abrazo.

  3. Complutum H. says:

    ALABANZA A LA NOCHE

    Si no existiera la noche,
    puerta sin llave,
    refugio último de la soledad,
    auditorio, reclinatorio,
    útero espacioso y libre,
    sinfín establecido en la circunferencia de la Tierra;

    lengua que todo lo lame,
    boca que todo lo engulle,
    fauces que desgarran el silencio
    y lo desangran -en oscuro fluido-
    hasta desembocar en el amanecer,
    delta que se abre en brazos, luz y gritos…

    Si no existiera la noche,
    tormenta de libros,
    leyendas inscritas en la palma de la mano,
    quiromancia en la madera del escritorio,
    silencio endógeno,
    como un acantilado repudiado
    por un mar de sirenas,
    confidente de secretos desvanecidos
    en los dramáticos embates del sueño;
    nido,
    porque siendo nido es cama,
    porque siendo cama es calor…, o asilo.

    Si la noche sólo fuera el deshecho orgánico del día
    como un sobrante del que hay que deshacerse,
    -tuberculosas horas que el Universo margina-,
    yo sería simplemente un hombre vivo
    consumiéndome entre los brazos
    de un sempiterno derroche de luz.

  4. miguel ángel yuste says:

    Releyendo este artículo he recordado la lectura hace algún tiempo del libro “The road” de Cormac McCarthy. Es desolador pero hermoso, pesimista pero vital, de anticipación a lo que nos espera, aunque particularmente espere que no lo sea.

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