Lenguaje binario

Hoy estoy ebrio de agua mineral, es tarde en la tarde y como me gustaría que el mundo y los que me rodean estuviesen mucho mejor, escribo.

Hoy he comido fuera, en un restaurante de menú donde la comida era buena. Éramos ocho, casi todos nos conocíamos, algunos más que otros, y todos, curiosamente, teníamos a alguien del sexo opuesto opuesto a nosotros. Una bendición, diréis, pues sí. A veces pienso en lo que en realidad queremos decir cuando hablamos. Siempre hay diferencias cuando hablamos con mujeres, o las mujeres con hombres, pero generalmente adoptamos un lenguaje binario, hay una línea del mensaje que escuchamos y  otra línea que queda oculta pero que se intuye. Y algunos me diréis, “A mi no me pasa”, y puede ser, pero yo creo que sí, que de una manera u otra todos somos binarios,  es normal. Yo no digo que cuando decimos “¿Me pasas la sal?” con una sonrisa sandunguera, en realidad queramos decir: “como me gustaría acariciarte las tetas con suavidad hasta hacer poner tus pezones duros”, ni cuando en una conversación decimos: “Pues a mi me gusta mucho la verdura para cenar, más que la sopa incluso” queramos decir: “Lamería todo tu cuerpo muy despacio hasta notar que tus estremecimientos me vuelven a excitar” No, no digo eso, aunque también. Lo que quiero decir es que cuando decimos ¿Tu estudiaste medicina en Benicarló?” en realidad lo que estamos diciendo es: “Cómo me hubiera gustado conocerte cuando estabas sola allá en la universidad e invitarte al cine, hablar y hablar mientras cenábamos en una terraza junto al mar”, pero también, lo siento, porque no confesarlo habríamos querido añadir: “Cómo me hubiera gustado desnudarte a besos después en tu habitación del hotel”. También pudiera pasar que hubiéramos querido decir: “Cómo será morder tus labios húmedos” cuando de nuestra boquita sale: “¿Has estado alguna vez en Logroño? Bien esto nos puede pasar o no, yo no digo que nos pase, a mi a veces me pasa, incluso me veo fumando el típico cigarro de después de la conjunción feliz de los respectivos líquidos, aunque yo no me lo fumaba incluso cuando fumaba.

Qué por que pienso todo esto después de nuestra comida a ocho, pues no lo se, en realidad estoy descargando mi subconsciente, de momento solo el subconsciente. Uno quiere pensar que detrás de lo que escucha y ve en una comida entre hombres y mujeres siempre hay mucho más, aunque confieso que yo me entero poco. De lo que si me he enterado es de que cuando la camarera guapa me decía “¿Usted ha pedido crema?”, ella me estaba diciendo: “Quiere venir conmigo luego, vivo aquí al lado y necesito una ducha para quitarme el olor a merluza a la plancha, me ha gustado su sonrisa y me gustaría besarla”, y yo le he contestado, “Si, para mi”, cuando en realidad le estaba diciendo, “No te preocupes, yo te enjabonaré y te secaré hasta notar el verdadero olor de tu piel, después abriré tu cama blanca…”. 

Bien, lo único que es verdad de todo esto es que cuando hablamos hombre y mujeres además de nuestros deseos más ardientes que no expresamos la mayoría de las veces, jugamos a ser otros, otros que también somos o que querríamos ser. Nos sentimos muy capaces de serlo, algunas veces lo logramos, otras, la mayoría, no, pero soñar seguimos soñando. Es verdad también que a veces alguien dice realmente; “Te follaría”, cuando en realidad lo que está pensando es: “Tengo tanto sueño que me iría a dormir ahora mismo”.

 Así que, no se vosotros pero yo me lo pensaré muy  bien cuando le pregunte a Ella: Has leído el último libro de Paul Auster? , porque si me contesta: “No, ¿me lo quieres traer mañana a mi casa al atardecer y te invito a un café?”, yo no se que querrá decir realmente, me confundiré y hasta seré capaz de decirle: “Lo siento, no puedo beber café, tengo la tensión alta”.

 

El próximo invierno será naranja y azul

 

A Lupe i Pipe que ellos lo saben

Días de nuestra vida

días de espera,

de antipático sol

al que a veces quisiéramos preguntar,

o empujar hacia el negrisimo inconmensurable espacio,

por qué se atreve a lucir

 

La primavera feroz y puntual

se despliega

y poco podemos hacer

más que dejar que nos acaricie

que refresque y caliente nuestra piel

recién salida del otoño sucio

aquel en que, además,

también era acariciada

 

Hoy la mirada ausente

se anega entre el presente y el pasado

y solo un hipotético porvenir

sinónimo de esperanza

aparece resplandeciente

pero frío, naranja y azul

 

Valga un escalofrío que nos sacuda

esta escarcha de arena que tapa aquella nuestra piel

pues saldremos de este manido agujero sin paredes

que nos impide mirar,

recordar,

que sigue existiendo

aquel bosque de gigantes de la lejana California

con el que siempre soñaste

y también aquel territorio

donde sentirse,

al menos serena

con los ojos cerrados

en una tumbona fresca,

sintiendo el calor de la tarde en la cara

 

en ese próximo invierno naranja y azul,

      y para vosotros cálido,

de nuevo.                      

 

     7.04.2008