Ante las vacaciones

Ante las vacaciones todos nos pertrechamos, estrenamos vigor, creemos emprender un viaje sin retorno aun sabiendo la falsedades que se esconden tras los grillos diletantes y el sol cegador del mediodía, pues al final siempre se nubla y los grillos se acuestan con la mañana, pero nosotros, ahítos de esperanzas infundadas nos ponemos nuestras bermudas abolsilladas cual fusil en un viaje de exploración por el África Oriental a mediados del siglo XIX, y allá vamos, frustrados ante la primera parada del atasco que nos lleva a todos fuera de la ciudad. Pero sabemos que más allá, por encima de las miles de capotas brillantes de los coches y los cristales ahumados de los mil autobuses enfilados está el paraíso, incluso vemos el ramaje grueso de un arboleda, ¡ay, de un verde desvaído!. No lloramos, sería desolador para nuestro ánimo emprendedor reconocer tal error repetitivo también de este año, la ratonera de la que al final escaparemos para volver, y seguimos, ponemos música, vamos a por nuevos recuerdos, vamos a pasarlo bien, vamos a hacer nuevas fotos de los nuevos paisajes, vamos, vamos, ¡todavía no paramos niños!, ¡esperad un poco!, ¡y pensar que ahora hay gente trabajando mientras yo conduzco dueño del mundo!. Benditas vacaciones, quiero volver ya, pero ahora irme de nuevo, con un nuevo cuerpo, un nuevo cuaderno, ahora ya sin prisa, vagabundo incrédulo ya de todo, por fin libre, ahora ya en la más absoluta de las miserias, ésta sí, auténticamente infeliz, pero ya no me exijan nada.