La sirena azul

Hoy la sirena azul resplandece en el mar gris. Su largo flequillo resguarda su cara del sol mediterráneo tallando su perfil de reina. Me mira, o lo creo, al girar para acomodarse  sobre las rocas de la isla soleada. Su gesto no es serio ni alegre, pura vida, pero su limpio cuerpo al sentir la mirada de los marineros que en sus naves pasan se transforma ofreciendo una recién estrenada belleza como tigre recién bañado en un lago del Himalaya. Yo soy el único que a estas horas está despierto sobre la cubierta de este barco que cruje sobre el mar oscuro, entonces levanta la cabeza y me mira, o yo lo creo, primero de soslayo y luego fijamente, trastocando para siempre la  paz que creía yo me gobernaba estas tempranas horas del día. Me conformo primero con admirarla incrédulo sobre la rocalla del mar cálido, luego, no  recuerdo como,  me arrojo al mar y sin cansarme hacia sus ojos nado. Cuando ya  palpo la roca suave no hay nadie sobre ella, ya no puedo volver al barco ni trepar la roca para buscarla, pero ahora una voz suave me llama, la veo cercana sobre la arena blanca de una hasta ahora invisible cala, es ahora una  mujer plena, viste su azul camisa y sus azules pequeñas bragas, me quito la ropa mojada mientras  me seca y su cuerpo calentado por el sol me abraza y quema. De la mano me lleva hasta su lecho blanco en el interior de una pequeña cueva, y allí pierdo la noticia del tiempo y la capacidad del recuerdo. Solo el sabor de mi boca me permite balbucir el fruto de la delicia ahora. Suspendido en el tiempo la abrazo y protejo en la oscuridad estrellada mientras miro el trozo de noche y mar que recorta la entrada de la cueva desde este tálamo griego.

 

Y ahora, bendita musa en la mañana que saltas sobre lo cotidiano,  gracias por permitirme escribir y ganar diez minutos de vida plena, pues ahora se que, como Ulises en su Odisea,  incluso con tapones en lo oídos y atado al mástil de la nave, sucumbiría a tus cantos, sirena azul camino de la perdición, a buen seguro muy literaria, pero bendita tu, y la perdición que a tu playa me arrastra.

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