Somos especiales para alguien

Alguna vez nos creímos tan especiales que llegamos a pensar que todo giraba alrededor de nosotros, que nos habían elegido entre una plantilla de miles de personas de donde destacábamos sin lugar a dudas. De repente un día comenzamos a darnos cuenta de que solo la casualidad nos trajo hasta donde estamos. La casualidad y nuestra voluntad de parecer lo que somos y también, y muchas veces, lo que no somos. Que nos eligieron, sí, y que nosotros elegimos, también, pero entre lo que teníamos más cerca, pues nadie, ni nosotros, hicimos una convocatoria pública para buscar al mejor o a la mejor, simplemente aparecimos, aparecieron, y aquí estamos, haciendo lo que podemos, lo que debemos, creciendo o borrándonos de los demás, creciéndose, borrándose también en nosotros. Así es y así ha sido siempre. Lo hermoso es que de todo ello nace una verdad indiscutible, que la propia experiencia y la propia historia compartida con las otras personas sí que es particular y voluntaria, desde donde se acrecienta la amistad, el amor, y también el desamor y el abandono. Casualidades de la vida pues y no destino, ¿o puede que no? ¿Quién sabe? Lo que si sabemos es que para unos pocos somos especiales, para muchos otros secundarios, para otros decepciones andantes, y ¿para nosotros?, deberíamos ser muy importantes, por lo que pueda pasar, y sobre todo porque somos la evidencia viva de que nuestros esqueletos nos sostienen, de nuestras vísceras que nos alimentan y limpian, de nuestro cerebro que nos guía y de nuestros corazones que nos dan la vida y dicen que los amores, y todo ello reúne el apoyo fundamental e imprescindible a nuestra existencia, y como mientras hay vida hay esperanza, alegría, sufrimiento y ganas de comerse unos macarrones con chorizo, seamos condescendientes con nuestros errores y recaídas, pero también con las de los demás, besemos ahora apasionadamente, y riámonos, ríanse hasta el llanto, que tiempo habrá de llorar y de volver a reír de nuevo.

Fantasmas al sol

Ha salido el sol

todo luce con aseo hoy

necesario alimento entiendo

en este camino

a menudo polvoriento.

 

Cristal limpio es la mirada

pintados por fin los colores

desvaídos ayer

en el fondo gris del alma.

 

Qué diremos hoy

del sentido trágico de la vida

sino más bien que éste depende

de los días

de sus noches

y de sus propios fantasmas

que habitan en tantas horas.

 

Espíritus que se nos aparecen

para acariciarnos

para aterrorizarnos

jodidos rebeldes  asabanados

que para nuestro bien nos acompañan

que para nuestro mal nos ofrecen su mala cara.

 

A menudo soy yo quien convoco

a los que siento que me guardan

para sentir sus miradas,

más la de una deseada alma

que con beneplácito de su ama

me acaricia con sus manos doradas

y me besa con sus soleados labios

aun sin que yo vea sus manos

ni a descubrir acierte su boca.

 

En el destello de esta nueva jornada

que recibo boquiabierto

un sosiego inesperado

exento de reflexiones

aunque seca el agua estancada

de viejas tormentas pasadas.

 

Y su calor,

por la acera iluminada

es de momento bastante

para continuar caminando

hasta que el espíritu

de aquella ama soñada

se haga mortal carne

por fin visible y cercana

cálida, mojada…