La vuelta

Un vendedor de la ONCE con una terminal para tarjetas colgada del cuello se pasea a lo largo de la larga barra del bar y recoge de las mesas los platos sucios cuando la gente las desocupa. Mientras pido nuestros platos, un camionero que parece inglés pide un plato de bacón con el pan a parte y café americano. Por la barra deambulan hombres que parecen camioneros en su mayoría gordos o muy gordos que parece el fruto de la dejadez macerada en las muchas horas de ir sentados en los cómodos asientos de sus camiones. Una tripa amarilla me tapa la visión del camarero que ahora me llama para darme dos de los platos. Es un microcosmos imperfecto de gentes que vienen y se van donde muy de vez en cuando entran también familias que vuelven o van de veraneo en este inmenso restaurante-venta  siempre abierto que tiene un edificio gemelo al otro lado de la autovía A35 a las afueras del pueblo de Fuente de la Higuera, en Valencia, en la incorporación de la carretera N430 que comunica a la A35 con la A31.

No puedo dejar de pensar si esto no es una significativa muestra de lo que es España, ya se que no la explica en su totalidad, ni mucho menos, ni siquiera es extrapolable, pero un lugar como éste solo puede encontrarse aquí: el desparpajo, la eficiencia y simpatía del camarero, -es verdad que podría haber sido justo al contrario-. El trajín constante de gente entrando y saliendo, comiendo, bebiendo y fumando; su variedad, como la de las tripas y de los pantalones cortos también son un buen muestrario. El suelo está salpicado de servilletas de papel arrugadas, de colillas y de restos de comidas, y cuando pasa una de las camareras barriendo el suelo, la montaña de detritus alcanza una altura respetable y el bar parece ahora otro. La comida es pasable, el precio asequible, no hay excesivas pretensiones, tampoco chabacanas decoraciones como cuando parecíamos tan ricos. Afuera, el aparcamiento está a rebosar de camiones mientras un vigilante con chaleco amarillo se  guarece del implacable sol.

 Es éste un buen lugar para parar y para estar, para deambular con libertad y para comprar lazos de Astorga,  mantecados de la Mancha o galletas de Camprodón. Levanta el ánimo por su vitalidad, aunque también puede suceder que a alguien le  hunda en la miseria por su provisionalidad. Está a mitad de camino entre Almería y Barcelona en esté sábado en el que volvemos de las cortas vacaciones, negros por el sol, yo añorante de casi nada en mi destino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: