Escritos imprevisibles sin mensaje claro

Se acerca la primavera, ¿lo notáis? Hay más luz, más sinceridad en el aire, puta sinceridad que te restriega por la cara tus carencias, tus deseos, tus logros, y claro, también te mece en su dulce atmósfera del presente, en el futuro inexistente, en ese hilo invisible entre lo que un día fue y lo que pudiera ser, … aquellos días  no tan lejanos.

 Lo bueno de tener 50 tacos es que uno parece Clint Eastwood y ya no llora por casi nada, bueno miento, tengo muchos puntos flacos, pero algunas cosas que antes podían hacerme llorar  ahora las relativizo, me despisto y me salgo por la salida de emergencia del túnel, trucos de viejo, -bueno, no tanto-. Se va el invierno amigos, y con éste el impermeable que nos ha guarecido, ahora llega la manga corta, la falda corta –¡uf!, ahora iré a pelo sin remedio, notando en la piel ansiosa la excitación de mirar, pero también el frío primaveral de la piel intocada, –que le vamos a hacer- vosotros mirad a quien queráis, o miraros a vosotros.

 Mi sombra es negrísima en la pared anaranjada de ladrillos en la tarde, mis pasos  invariablemente soportan mis recuerdos, ya sufro la primavera pero deseo su aire, y me cago en el copón, pero deseo ver el mar y el color marrón de las montañas peladas, la noche tibia, la brisa oscura, escribir, leer, soñar, quizás besar, soñar de nuevo, la sonrisa ahora a mi ajena, y el mundo de ahí afuera, donde yo estaré dentro de un rato, porque esto amigos, esto que se va, esto es una parte muerta, como la caspa, células muertas prestas a desprenderse. Algo en mi late, vibra, y sin embargo, algo me dice que estoy equivocado, que nada es como parece ser, que aún habrá sorpresas, de momento a veces silbo por los pasillos, y no me sale mal, la música me mueve, mi cara sonríe, y le guiño un ojo, ¿a quién? A quien me devuelva un guiño y su sonrisa.

¡Joder, que tarde más bonita!

La creatividad

A veces la creatividad define un estado falso de nuestra actividad mental, parecería que en dicho estado seríamos capaces de componer algo medianamente original que transmita con fuerza y claridad nuestros sentimientos, pensamientos, deseos, descubrimientos u obsesiones. A veces lo que deseamos es que nos invada para crear algo bello que se acomode a lo que disfrutamos, añoramos o sufrimos, pero no es algo que responda inmediatamente a la voluntad sino que es caprichosa en su aparición, y a menudo tiene que ver con el objeto indirecto de su motivación lo que refuerza el impulso creativo, a menudo de una forma imprescindible. Ahora  siento la necesidad de escribir, me gustaría mucho comenzar y seguir, y seguir, sin embargo es un empeño vano, puedo componer algo cortito, como mucho, aunque casi siempre lo borro, no me llegan las fuerzas, supongo que las tengo dispersas, faltas de una concentración que me tienen deshilachado. Me gustaría también poder componer una carta certera, sincera, vibrante, rica, y ésta si que se que sería capaz de hacerla, lo que no podría es enviarla. ¿Es esto creatividad? ¿No es más bien una prueba de que la creatividad y la inspiración son algo relativo y que deberíamos hablar mejor de necesidad, o también de necesidad? ¿No es la necesidad la que nos empuja a hablar como nunca antes hemos hablado cuando nos interesa convencer a alguien a quien nos interesa mucho hacerlo? ¿No es, junto a la inspiración, la necesidad de demostrar que nuestra obra es digna de admirar, la que nos empuja a escribir, a pintar, a fotografiar? Ahora ya son las tres menos cuarto de un viernes, es tarde par empezar, tarde para escribir, tarde para enviar éste u otro texto. Puede que además sea difícil crear algo extenso, y puede que en realidad quisiese escribir otra cosa y me ha salido esto. Bueno, por algo se empieza, pero ¡está tan lejos de lo que quisiera! Menos mal que ahora me voy al cine, que esto creo que no os lo había dicho. Es como si saliese al recreo, pero ya me gusta hacerlo.