A tí rendido

El agua infinita

del perpetuo río

me arrastra en el día 

me remansa en la noche.

Yo soy  naturaleza

en cada amanecer impredecible

acoplado a mi fragilidad respetuosa,

a mis absurdas obsesiones.

Puedo decir ahora

que he aprendido

agarrado a esta rama

que amenaza con partirse.

Soy otro hombre

que ruega a la gran fuerza,

en su derroche,

que me salve.

Sólo soy un hombre,

sin remedio

ahora a ti rendido.

(Este poema fue encontrado en un viejo cuaderno de hojas pegadas y resecas dentro de una pequeña caja metálica milagrosamente conservada que apareció junto a los restos de un hombre enterrado a cincuenta metros del río Yukon en Canadá, en una pequeña colina  poblada de arces. La fecha que aparece debajo parece decir 29 de septiembre de 1831)

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