De la sonrisa

¿Cuánto dura una sonrisa en nuestra cara después de despedirnos de alguien por quién sentimos aprecio, cariño, amor, pasión o con quién hemos compartido algo: una conversación, un café, una película emocionante, un paseo, una cama? ¿Cuánto dura el reblandecimiento de nuestra carne una vez salidos del agua cálida de un rato, de un momento, de camaradería, de coincidencia, de amor? ¿Cuánto del efecto de esa sonrisa, de ese reblandecimiento de nuestra carne, cala en nosotros, nos cambia la forma de ser y de enfrentar la vida, aunque sea un poco, de ser los mismos, pero diferentes?

Ella se despidió de la otra mujer al salir del vagón del metro, todavía no se habían cerrado las puertas cuado se estaban dando dos besos y diciéndose adiós con un cariño que se manifestaba en la expresión de la cara de la mujer que yo veía de frente, y que siguió prendida en su sonrisa resplandeciente y sincera, todavía durante diez segundos más, lo que tardó en rebasarme, por lo que no pude ver cuando su rictus cambió para adoptar un semblante relajado. Si la vi mirando al suelo tres metros por delante de ella.

No se el tiempo que aquella sonrisa siguió en su cara, pero sobre todo no supe, y es imposible de saber, ni siquiera por ella, cuanto de aquella sonrisa que traslucía la felicidad que había vivido, cuanto quedaría en su recuerdo, en su manera de ver el mundo, se trasladaría a otros aspectos de su vida, se acumularía al fondo de su almacén de experiencias, acabadas, renovables. Ni tan siquiera se como se puede medir el combustible de una sonrisa, ni evidentemente su beneficio.

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3 Responses to De la sonrisa

  1. pura says:

    En la cara, no sabemos lo que dura, pero en el alma deja un poso, que sólo borra, el gesto de un mal encarado.

  2. miguel ángel yuste says:

    Al final es una cuestión de sumas y restas, y de que el saldo sea siempre positivo, se nota en los músculos de la cara.

  3. Pepa says:

    Por suerte, creo, los buenos momentos son los que duran en nuestra memoria. Y sobre todo si son buenos momentos compartidos.
    ¿Cuánto? No lo sé. Si recuerdas a un buen amigo eternamente, todos los buenos momentos los recuerdas, todas las risas, todas las juergas, todas las complicidades, todos los bailes y todas las borracheras. Si, incluso las borracheras. Esas borracheras de risas tontas y meadas callejeras.

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