¿Soy pesimista o es que de verdad el futuro es negro?

 

Quizás nunca en la historia del mundo habitado se han vivido momentos que anuncien una debacle planetaria como ésta en la que estamos. Varios son los factores y los signos que la anuncian: la superpoblación de algunos lugares de la Tierra; la contaminación que envenena las grandes ciudades y que ya llega a muchas partes del globo alejadas de los focos de emisión de partículas contaminantes y venenosas; el deshielo acelerado de los polos que hará subir el nivel de las aguas de los océanos provocado por el calentamiento global que, además, provocará grandes periodos de sequía y por tanto carencia y carestía de alimentos en los dos hemisferios; o también las previsibles guerras por la posesión de las fuentes de energía, de alimentos y de agua.

Uno mira por la ventana y ve las nubes y el sol y las montañas cuajadas de árboles, y ve a la  gente feliz por las aceras. Es difícil imaginar que existan otros lugares sin aceras o con ellas rotas. Es difícil entender que haya seres que se mueren literalmente de hambre, de sed, de enfermedades en Europa hace siglos desterradas. Es incomprensible a nuestra lógica que existan regímenes políticos que matan literalmente a su población si osan rebelarse contra su poder ilegítimo. Vemos a nuestros hijos reír y ni se nos pasa por la sesera que haya otros niños que a su edad trabajen y penen por su desgracia.

Y sin embargo, el futuro está aquí, se nos ha presentado, y nosotros lo contemplamos como si fuese un libro que leemos o dejamos, que después lo guardamos, y sospecho que sin siquiera sacar enseñanzas. Es como si nos hubiésemos resignado, como si ya supiéramos que ya no podremos hacer nada sino limitarnos a comprar unas mascarillas y prepararnos a comer pastillas liofilizadas para pasar, el -perpetuo ya- trago.

Miro por la ventana y pienso en que tengo ganas de irme este fin de semana fuera, lo que he escrito ahora, aquí queda, para recordarlo otro día, quizás en el futuro cercano. Ahora hay nubes, montañas y gente feliz por las aceras, lo de siempre, después abriré la nevera, me lavaré luego los dientes y podré dormir esta noche porque no puedo escapar a ningún lado, daré otro beso a mis hijos a hora que ya duermen.

9.3.11

Comienzan a llegar imágenes de Japón. El mar avanza a gran velocidad por la tierra, arrasa pueblos, sembrados, carreteras, aeropuertos, postes o árboles. Arrastra coches, autobuses, barcos, aviones, casas enteras. Uno se imagina allá, atrapado por la corriente, y aunque se  impresiona al verlo por la pantalla, está lejos de lo que debe ser vivirlo. Miles de muertos, miles de casas destruidas, gentes asustadas, miles de personas buscando a otras personas y demandando ayuda. Una ola negra, imparable, evidentemente inmisericorde. A menudo nos creemos tan poderosos que se nos olvida quienes somos, el lugar donde habitamos, nuestro verdadero tamaño sobre este gran planeta que tanto hemos castigado y del que siempre olvidamos su cólera ciega, sin darnos cuenta de que está vivo.

11.3.11

En Japón, las malas noticias se suceden. El riesgo  de una catástrofe nuclear es muy elevado. Hay dos centrales nucleares que estaban situadas al lado del mar y cerca del epicentro del terremoto que tienen un peligro cierto de fusión del núcleo atómico que puede liberar a la atmósfera radiactividad en grandes cantidades. De hecho ya ha habido dos explosiones en dos reactores de una de ellas -que tiene cuatro-, aunque parece que se han producido en la coraza que recubre los reactores. Ya se han evacuado 600.000 personas de los alrededores, mientras, se siguen buscando desparecidos y la sorpresa y el dolor comienza a ser superada por la urgente necesidad de rehacer la vida, quizás lo mejor de la especie humana.

Miro por la ventana, por las aceras la gente sigue transportando sus propias preocupaciones, Japón está muy lejos, y tantos otros lugares, algunos tan cerca. El planeta es grande, pero no hay noticias buenas, solo caminar por nuestras aceras y sonreír a los que nos rodean, eso si nos queda.

14.3.11

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2 Responses to ¿Soy pesimista o es que de verdad el futuro es negro?

  1. Angel Alda says:

    Que la orquesta siga tocando hasta el hundimiento del Titanic. Los divertidos años 20, entre guerra y guerra la sociedad de divierte. Los fastos romanos cuando los bárbaros se acercaban a Roma. Yo creo que presentamos todos los síntomas de los periodos previos a la gran tragedia. La diferencia es que en esas ocasiones detrás de las crisis llegaba otra sociedad, otra forma de vida. Los bárbaros venían a salvarnos. Pero yo ahora no veo quienes puedan ser los nuevos bárbaros que se pongan a la tarea de encontrar nuevas formas de vida por muy precarias que sean. Mientras en el norte de África las sociedades se pronuncian por la defensa de la ilustración y los derechos humanos, con dos siglos de retraso y hasta en Portugal los jóvenes se manifiestan contra la precariedad ¿sabes por qué cosa se manifestaba ayer la gente en Madrid, en la misma Puerta del Sol?: contra de la limitación de velocidad…Creo que en algún momento nos pondremos al día y nos daremos cuenta de por quien van a doblar las campanas. No ya por mi generación que ya tenemos la vida hecha y hasta la muerte nos puede resultar rentable, yo espero que nuestros hijos, nuestros nietos tengan una oportunidad de seguir “caminando por nuestras aceras y sonreir a los que nos rodean”…tal como tu les deseas…
    Un abrazo

  2. pura says:

    Me temo que no eres pesimista. de hecho todavía te quedan sonrisas, para repartir,en aceras, y en “redes”
    . El problemas es que somos pocos, que nos” duela el aliento” como dijo otro Miguel, cuando sigue habiendo “niños yunteros” cincuenta años después que el escribierá su poema.
    Un beso y una sonrisa.

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