De balcones y salones

Sale Mariano Rajoy al balcón subido a una peana que le hace parecer más alto de lo que es, y ahora ya sí, ahora ya está claro, ha ganado las elecciones; Zapatero parece ahora un sueño, un sueño de siesta y boca pastosa, del que al final despiertas paralizado e impedido de recordar lo soñado.

– La manida crisis ha asustado a los electores que han votado a los otros. La gran crisis que nació en los Estados Unidos y que luego despertó la nuestra que, todo hay que decirlo, no nacía de la nada, ahí tenemos los esqueletos de hormigón que pueblan fantasmales tantas urbanizaciones.

– Sin recurrir a lo esperado en cuanto a la escasa sensibilidad social más allá de lo por ley obligado, que demostrará el nuevo gobierno, pronto entrarán en escena, y en tromba, un conglomerado de señores de pelo peinado al agua, abrigados con chalecos de boatiné y parkas Barbour de color azul oscuro, y de señoras que por fin decidieron teñirse el pelo de rubio. No les reprocho su vestimenta, cada uno tiene derecho a su propio grado de horterez; lo peor son los que pasándolo mal les han votado, los que se han traicionado sin saberlo. Estos van vestidos como tu y como yo,

-Tanta gente que no ha caído en que al partido de Mariano “cara de bueno” le apoyan la Santa Iglesia española y sus obispos de otro tiempo tan ajenos a la caridad cristiana; la COPE, Intereconomía o la Razón con su desfachatez venenosa que tan poco tiene que ve con la información; algunos dirigentes de la AVT que sin ninguna vergüenza han malgastado el capital moral de sus asociados; aquellos que serían capaces de matar al prójimo en nombre del nonato y de la Santa Cruz; aquellos políticos  que han levantado una muralla de nueva construcciones en cientos de kilómetros de sus costas y se les llena la boca de España; los hacedores de aeropuertos y autopistas sin viajeros soberbias muestras de la arquitectura vacía; o los jueces trastornados tan alejados de la Justicia. Por tanto, son muchos los que esperan no ser defraudados y que miran de reojo al nuevo presidente para que, ya en el poder, cumpla lo que les debe por haberlo ayudado.

Después de ver el balcón de Génova en la tele, pasamos al salón del Hotel Majestic de Barcelona, donde unos señores que exhiben otras banderas dicen que la gente les ha entendido, y como un grupo de teletubies adictos a la esencialidad, cantan su himno patrio del que se han apropiado mientras se les sale la baba entre los intersticios dentales. Aquí espera turno otro episcopado de curas, cantantes y poetas del régimen, mientras la verdadera bandera que es su televisión de ciencia ficción es ocupada por una tropa de comulgantes expertos en una conya de consumo interno, que se arrodilla cada día ante un altar de castellers vestidos con camisetas azulgranas.

En fin, la tristeza se pasa, el tiempo también, aunque se pierda.

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One Response to De balcones y salones

  1. pura says:

    No por esperado, es menos doloroso.

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