Las erupciones solares y las nuevas monjas mártires

Lunes 20 de julio de 2015. El mundo sigue su viaje rotatorio y traslatorio mientras el Sol es pasto de exuberantes y temibles erupciones que sin embargo no deshacen al astro embolado. Nosotros, pasajeros involuntarios e imposibles desertores de esta esfera abrupta donde nos encontramos, húmeda y candente, adornada de hielo en sus extremos más evidentes, hoy tampoco hemos pensado en nuestro gigantesco vehículo, aquí donde comemos y nos desbebemos en el contexto de la galaxia. Por el contrario, nos sumergimos en los valores de nuestra tensión arterial; en nuestro libro de turno que a veces nos hace sentir orgullosos de la imaginación humana por lo que nos hace vivir y soñar; en nuestro penoso trayecto hasta y desde el trabajo -si es que lo tenemos- que nos procura el metálico sustento; y pensamos, si la cosa tuvo el suficiente peso, en la discusión de anoche, quizás en el amor que ayer vimos correspondido y con placer regalamos, o en nuestro comportamiento, que es siempre pasado y casi nunca ejemplar, o cuando menos olvidado en su intrascendencia.

Y por fin la página de ese periódico olvidado sobre el asiento que me aparta de las erupciones solares tan grandiosas que no podemos mirarlas de frente, y veo sus sonrisa sardónicas e irritantes: la de esos seres que nos invitan a perseguir sus propios deseos junto a los sacerdotes y monjas de su particular creencia, acólitos que también sonríen y acrecientan como sin quererlo sus famas y sus riquezas, adornados siempre claro de banderas y de palabras malolientes por el abuso en su uso.

Prometo que sólo quería hablar del Sol y de la Tierra, pero este asteroide en forma de periódico ha desviado mi trayectoria y me ha hecho caer a este valle de lágrimas para encontrarme con estos especímenes que se sueñan estatua y a nosotros cadáveres o zombis (según la moda cinematográfica) que depositaríamos ofrendas florales los onces de septiembre para su gloria, como esos grandes catalanes que ellos admiran y de los que se sirven para modelar su Historia oficial, que se sacrificaron y murieron por todos nosotros; a eso aspiran estas nuevas monjas mártires. Quizás deberíamos regalarles cilicios, en estuche de plástico cuatribarrado, claro, por ver si con eso se conformaban y nos dejaban en paz preocupándonos de nuestras propias vidas y de la justicia que ansiamos, contemplando el Sol y la Tierra mientras vamos al trabajo o aspiramos a tenerlo. Deberían saber que el sufrimiento puede ser libre y generoso si sólo se lo administra uno sin tangar a los demás convenciéndonos de que es la tarifa necesaria para lograr el paraiso en la Tierra, pero es que sufrimiento es ya este chunda chunda que nos infringen el gran President y sus adláteres, con sus coros y danzas y su NODO posmoderno, un poco ya trasnochado, pero que seguimos pagando todos.

Que el verdadero Dios Sol nos pille confesados, pues ellos no tendrán salvación ante la gran erupción solar que volatilizará su bandera. Déjennos a los demás pues, extasiarnos ante la luz del sol en las laderas de las montañas o las paredes ajadas de los edificios, pues esta belleza temporal adorna nuestro camino y con ella gozamos, y formen ustedes una comuna independiente en cualquier pueblo abandonado para dar rienda suelta a sus pasiones, pero por favor, déjennos en paz, líbrennos de esta matraca a los que no comulgamos con sus pasiones, evítennos más sufrimientos, que estos podría ser que fueran más en serio.

El carro

Las responsabilidades inherentes al cargo de presidente de la Generalitat de Cataluña se despegan de su piel azul brillante, que muta a gris después, como un camaleón que, ahora ya, invisible a los ciudadanos, evita cualquier cuestionamiento sobre sus actos que, en buen entendimiento, comporta decidir en qué gastar y no gastar el dinero del que dispone, y explicar por qué ha gastado mucho más de lo que tiene, o por qué en conceptos que van más allá de la necesidad pública, y por qué, dado los tiempos que han corrido y corren, no ha anulado aquellos que pudieran ser prescindibles, cuando aún estaba a tiempo de poder hacerlo. Cualquier padre o madre de familia responsable sabe amoldar sus gastos a lo los ingresos, sean magros o incontables.  Pero él y los suyos, no, pues piensan que “su país”, y ellos “, se lo merecen;  todo sea por la construcción nacional.

Mas y los suyos no sacrificarán las necesidades de su casta  (esa a la que pertenece y que se esconde dentro de tanta unanimidad “tranversal” en pos de la soberanía “nacional”, como si las clases sociales ya no existiesen). Sabe recurrir, como todos los acólitos de la catalanidad y la nación,  a las grandes palabras pronunciadas con exagerada seriedad,  y por supuesto a la incomprensión ya la maldad de la pérfida España, donde Madrid es su profeta,  y a la falta de amor del resto de los españoles (de España, según el canon nacionalista). Es verdad que no son argucias de persona honesta, pero su discurso es fácil y transitado, de garantizado aplauso, sobre todo si es convenientemente amplificado, pues nubla la consciencia y la inteligencia, y le garantiza llevar a los ciudadanos ciegos o tuertos, pero apelotonados en la golosa miel que suelda el “nosotros” al puerto adecuado, allí donde no hace frío, donde se reconoce “nuestro” esfuerzo…de decir lo que los “nuestros” dicen, de llevar también la misma bandera, de reconocerse ante el pérfido enemigo, de saber que digan lo que digan siempre estará bien dicho si está dentro de “nuestro” ideario tácitamente aceptado,  y que no podrá ser contestado, no sólo porque la fe no es discutible, sino porque a quien se atreva a disentir será porque se trata de un pepero, de un fascista, o mejor, de un español.

Estos nacionales han comenzado a asumir que van a pasar a los libros de historia, no importa a costa de qué o de quién, pues el ego humano no tiene límites, siempre ha sido así: un gran vigía guía al pueblo  y un grupo creciente  le arropa, en el mejor lugar para hacerlo, a la espera de poseer los cielos de la nación si el éxito les acompaña, tratando mientras de conseguir todos los méritos posibles, por encima de las frustraciones y otros dramas que puedan padecer sus ciudadanos, aun siendo evidente, a ojos claros de hoy, lo innecesario de su aventura.

Esta ha sido una exitosa y grosera campaña de muy largo recorrido animada, antes como el que no quiere la cosa, y ahora ya sin disimulos, por “tevetres”, y algunas asociaciones receptoras o candidatas a la Creu de Sant Jordi por su contribución a la Patria, que tuvo su jalón histórico en la gran manifestación, de la cual “la Vanguardia”, adherida al nuevo carro, vende un DVD, también tildado de histórico. Y es que el carro empieza a ser muy grande, tanto como para que pocos de los que son acarreados sean capaces de replantearse ya el destino del vehículo ni a quienes tiran del mismo, cogiendo velocidad calle abajo,  de tal manera que, cuando se les pregunta, la unanimidad de sus respuestas suenan a mensaje rancio,  casi militarizado: no se emiten dudas ante los tuyos, pues cualquier duda puede considerarse traición, sé no una contribución al desánimo.

Proliferan las banderas independentistas en los balcones y el sentimiento desbordado de que se vive una nueva época se advierte en algunas personas. El rigor histórico pasa a un segundo, tercero o cuarto plano, se va derritiendo como el hielo de los Polos, o se sustituye por el pretendido rigor de las palabras manidas que se quieren científicas y contribuyen a la extensión de la fe antes descrita,  desaparece poco a poco la libertad de disentir, de momento no por presiones directas sino por miedo a ser malinterpretado. Pero la realidad es que hay mucha gente que cada vez pronuncia con mayor desparpajo la palabra independencia, y esta ligereza inexplicable es preocupante, pero más la inexistencia de discursos  que se opongan de forma correcta y bien argumentada a esta corriente y que sea capaz de romper el cerco, los prejuicios y el miedo a quedar marginado. Parece como si la oposición al nacionalismo desbordado sólo fuese la de las palabras trilladas y malintencionadas que al final sólo provocan el aumento de los que, sin escuchar otra cosa, se apuntan a ese carro acelerado; la labor debe ser paciente, firme, pero clara, instructiva y desenmascaradora. Hay que evitar que el odio y la ignorancia se desaten, (todavía estamos aquí)  tampoco en el campo de los que ahora en el resto de España no entienden muy bien lo que aquí pasa, pues si no, el problema será serio. Sólo la razón y el sosiego puede evitar tamaño desvarío.

¿Por qué me duele tanto este asunto? Quizás porque observo, los mismos signos de la intransigencia en Cataluña que a veces he observado en ciertos ambientes madrileños,  de distinto signo, aunque aquí ahora  in crescendo.  Pero quizás sobre todo por la propia Historia de España, donde vuelven a resucitar problemas que no parecen nunca poder resolverse de manera adecuada. Y en las consecuencias personales, claro.

Debemos pararnos a pensar y ser  nosotros,(aquí los individuos  libres). No nos resignemos  a formar parte de un grupo acarreado dentro del cual creemos ser libres sólo porque sonreímos a los que dicen lo mismo que nosotros al mismo tiempo que nos sonríen, haciéndonos creer muy importantes. Esto no es un desfogue como cuando uno va a un concierto de rock y se desfonda bailando escuchando la música que más le gusta para volver a casa después y dormir agotado. Las consecuencias y la realidad son otras, y los timoneles  lo saben, por eso nos engañan para que no les veamos las entrañas.

Hagamos un esfuerzo, ¡Desenmascaremos a los que se aprovechan del “Nosotros”!

El Roto, en El País, 2-9-2012

De balcones y salones

Sale Mariano Rajoy al balcón subido a una peana que le hace parecer más alto de lo que es, y ahora ya sí, ahora ya está claro, ha ganado las elecciones; Zapatero parece ahora un sueño, un sueño de siesta y boca pastosa, del que al final despiertas paralizado e impedido de recordar lo soñado.

– La manida crisis ha asustado a los electores que han votado a los otros. La gran crisis que nació en los Estados Unidos y que luego despertó la nuestra que, todo hay que decirlo, no nacía de la nada, ahí tenemos los esqueletos de hormigón que pueblan fantasmales tantas urbanizaciones.

– Sin recurrir a lo esperado en cuanto a la escasa sensibilidad social más allá de lo por ley obligado, que demostrará el nuevo gobierno, pronto entrarán en escena, y en tromba, un conglomerado de señores de pelo peinado al agua, abrigados con chalecos de boatiné y parkas Barbour de color azul oscuro, y de señoras que por fin decidieron teñirse el pelo de rubio. No les reprocho su vestimenta, cada uno tiene derecho a su propio grado de horterez; lo peor son los que pasándolo mal les han votado, los que se han traicionado sin saberlo. Estos van vestidos como tu y como yo,

-Tanta gente que no ha caído en que al partido de Mariano “cara de bueno” le apoyan la Santa Iglesia española y sus obispos de otro tiempo tan ajenos a la caridad cristiana; la COPE, Intereconomía o la Razón con su desfachatez venenosa que tan poco tiene que ve con la información; algunos dirigentes de la AVT que sin ninguna vergüenza han malgastado el capital moral de sus asociados; aquellos que serían capaces de matar al prójimo en nombre del nonato y de la Santa Cruz; aquellos políticos  que han levantado una muralla de nueva construcciones en cientos de kilómetros de sus costas y se les llena la boca de España; los hacedores de aeropuertos y autopistas sin viajeros soberbias muestras de la arquitectura vacía; o los jueces trastornados tan alejados de la Justicia. Por tanto, son muchos los que esperan no ser defraudados y que miran de reojo al nuevo presidente para que, ya en el poder, cumpla lo que les debe por haberlo ayudado.

Después de ver el balcón de Génova en la tele, pasamos al salón del Hotel Majestic de Barcelona, donde unos señores que exhiben otras banderas dicen que la gente les ha entendido, y como un grupo de teletubies adictos a la esencialidad, cantan su himno patrio del que se han apropiado mientras se les sale la baba entre los intersticios dentales. Aquí espera turno otro episcopado de curas, cantantes y poetas del régimen, mientras la verdadera bandera que es su televisión de ciencia ficción es ocupada por una tropa de comulgantes expertos en una conya de consumo interno, que se arrodilla cada día ante un altar de castellers vestidos con camisetas azulgranas.

En fin, la tristeza se pasa, el tiempo también, aunque se pierda.

ETA, Gadafi

Hoy la portada del periódico es inolvidable por la impresión que causan los titulares de la primera página; ETA deja la lucha armada y Gadafi muere linchado por la turba. ETA no ha tenido suerte con su puesta en escena, el cadáver golpeado de Gadafi le ha arrebatado las portadas, aunque ya la había perdido hacía mucho tiempo, diría que desde sus comienzos, más allá de los aplausos de sus acólitos, más allá de la admiración que le dispensaban quienes la mitificaban, o mitificábamos en sus principios, por su arrojo contra la Dictadura, reconvertido después, -luego caímos en ello, y tanto que caímos- , en miseria intelectual y humana que enseguida se mostró en carne viva, o mejor diríamos, en carne muerta, perdonad este oportunismo barato.

A los del comunicado de ETA no se le ve la cara, a Gadafi la de un cadáver maltratado. El trío de ETA aprovecha el decorado de otras funciones, las banderas pertinentes, las capuchas vergonzantes, las boinas identitarias, el puño en alto. A Gadafi le hacen fotos con teléfonos móviles algunos de los que le maltrataron o mataron, inmóvil para siempre ya, y a merced de los fotógrafos, primero asesinos.

Los que quedan de ETA salen ilesos, no se si radiantes, pero salvando el tipo, no sus encarcelados o sus propios muertos claro; y mientras, a sus víctimas las recuerdan quienes vencieron a los de la boina, es decir nosotros, pues los del comunicado no tienen sitio para incluirlas, ¡faltaría! Gadafi no sale, se queda, sus víctimas se lo han cobrado, o eso creen.

El terror se va, de España, de Libia, aunque no estoy seguro de que en el caso de Libia, después de ver las últimas imágenes grabadas antes de que Gadafi muriera,  eso sea así y no vuelva envuelto en otras banderas. Respecto al terror vasco, me parece una excelente noticia que el miedo haya desparecido para tantos que no estaban en la onda de los “valerosos”  gudaris, pero eso no puede servir para que se crean legitimados como eméritos héroes que viven de las rentas de sus hazañas,  aunque ya no maten. Bien que todo acabe, bien que cada uno apechugue con su conciencia, pero se solicita discreción.

No lo olvidemos, la primera condición del arrepentido es que primero fue un asesino o un ladrón. No se lo estaremos repitiendo, pero que no se les olvide nunca,  tampoco a nosotros. Todos erramos, sí, pero apechugamos con las consecuencias, o con las noches en blanco de nuestros errores, no los salvemos por tanto, tienen derecho a ser otros, pero han sido unos desalmados, nosotros no, al menos no hemos caído por esa sima humana, y esa contención a nosotros si nos redime, a ellos sólo el arrepentimiento sincero,… y la discreción.

Lo hecho hecho está, no quisiera ser entonces aquel que de repente cae en pensar en las vidas que impidió continuar por su colocón patriótico, su seguidismo de cuadrilla, la falta de valentía para ser otro; para mi sería insoportable, creo que igual que para aquellos que de repente despiertan a la cotidiana realidad de una vida normal lejos del sinvivir de esconderse.

Estat espanyol

Reconozco que hojear periódicos como El Punt-Avui o similares producen un movimiento de mi bilis; la malababa puede ser contagiosa por más que uno se duche tres veces seguidas con Mousel , Mousel de Legrain, París. Hoy, cuando he ido a tomar café solo podía elegir entre El Mundo Deportivo y El Punt-Avui, así que, no había color, he escogido éste último. Sus lectores tienen la suerte de que siempre tendrán resueltas las soluciones de sus crucigramas vitales, el culpable siempre es España, y Madrid es su profeta. Una vez leído el panfleto, ya pueden irse a contarle a los de su Tercio la buena nueva.

Lo malo de este periódico es que se me acaba antes que el café, perdido hace años mi interés sociológico por descifrar que mueve a quienes lo escribe y leen, y los motivos que les inspiran. Menos mal que en su penúltima página por fin me he réido al saber de la nacionalidad de una película:

Pel·licules d’avuiLa 2 / 22:05“Las niñas de hojalata”

Estat espanyol, 72’Gènere:

DocumentalDirecció: Miguel Bardem

Es de reconocer el sacrificio de los redactores para evitar los nombres prohibidos por el libro de estilo del diario, (¿Aprenderían con El Alcazar, La Razón?). Parece que hacer el ridículo es secundario, si bien siempre serán absueltos por sus incondicionales.

¡Quien me manda tener curiosidades tan exóticas, si podía haberme tomado el café reflexionando sobre, tal vez mi sentimiento de pertenencia! ¿A qué? …buena pregunta.

Barça, no hay nada más

Crisis, acampadas, sol, frío de nuevo, lluvia, y de nuevo sol, y ahora nubes negras, pero fútbol, más fútbol, Barça, más Barça, brutalidad policial para dejar la plaza de Cataluña a los nuestros y echar a tanto guarro que nunca nos votará, pero eso son noticias pasadas, ahora lo son las banderas del fútbol en los balcones, y también las de la patria, la nostra claro, con estrella y sin ella, en los mismos balcones, como en el Corpus, pero en Barça, en Cataluña.

Los legionarios de la conquista balompédica hacen del autobús publicitario donde viajan, su arco de triunfo, y mientras, beben cerveza y cava. A su paso las masas gritan, se disfrazan, los padres llevan a sus hijos de la mano a bautizarlos en la nueva religión obligatoria, ¿cómo negarse?, compran camisetas, “compre, compre”, como decía Cucharada. Una vez la masa uniformada y perdido el decoro cualquier cosa es posible, la crisis dejó de existir y la felicidad inundó las almas. Los nuevos creyentes creyeron entonces sentirse iguales ante su gran manto: blancos (de piel), negros, cobrizos y amarillos, ricos, pobres, igualados por los colores de una misma camiseta. La democracia verdadera, no la que pregonan los de “Democracia real, ya”, no la que nos obliga a ir al colegio a votar. Ésta es la verdadera justicia, creyeron, el fin de las clases sociales bajo un manto azulgrana, como un nuevo cristianismo, ahora sí, el fin del marxismo y de la lucha de clases. Todos igualados por los cantos, tan diferentes sin embargo a los que en su error decidieron vestirse de blanco, como no podríamos serlo, ante semejantes horteras, nosotros, por Dios y por Messi, nosotros somos los elegidos, y vestimos la camiseta más bella del Emirato de Qatar. ¿Que se han creído?, ¿quiénes? Pues los que adoran al horrible monstruo a quien Dios guarde muchos años, Mou el necesario que acrecienta nuestros odios.

Este año también dormimos en el olimpo de los elegidos, y te obsequiamos, ¡Oh rey honorable de nuestra patria, príncipe de la nostra, conde del nostre, jefe de nosaltres, barbilla displicente, que en la noche oscura vistes corona y manto de armiño del color de las banderas de los balcones! A ti, el nuestro, digo, te obsequiamos este triunfo mientras te miras en el espejo y un tropel de castellers untados con pancontomate te rinden homenaje en ceremonia retransmitida por la televisión obligatoria para entrar en el reino cuatribarrado de los cielos. Y mientras la hortera marea que quisiera soñarse Dolcegabanna, por la calle se desparrama, la nación gana, y galopándola los nacionales de la cosa babean y se ciscan por lo bajo en esos súbditos allá abajo que tuercen el gesto pero poco, pues les han regalado un pack con dos banderas, una azulgrana y una señera, un bocadillo de butifarra en pan con tomate, y los nuevos mandamientos para ser un buen nativo aunque no lo seas ni nunca lo vayas a ser, ni falta que te va a hacer.

El sentido común se escondió bajo un banco de la plaza de Cataluña, primero dudó en hacerse como todos con una bufanda ganadora, pero luego optó por dormir con los acampados, pues al menos eran más reacios a manipular banderas.

El mundo va deprisa en las últimas fechas, por no haber no hay ni sol, y ahora hablamos de pepinos envenenados. Todo es cada vez más extraño, pero mientras sigamos triunfando en el césped el arrollador devenir de los tiempos nos respetará.

¡Es que nosotros somos diferentes, oiga!

Que curioso es todo, que diferentes las cosas, las personas, pero que iguales los autobuses que nos llevan y los cuerpos blancos, morenos o negros. Que diferente la evolución y el desarrollo de las costumbres, de la solución de los problemas, pero que iguales las preocupaciones por el trabajo, el pan, los hijos, la dicha, la guerra o la violencia. Que diferentes las banderas, y sin embargo, que limitadas e iguales todas, siempre rectangulares, con colores elegidos de una dada gama que de forma distinta se combinan. Que diferentes los pueblos y ciudades, pero que iguales las ratas y las líneas del asfalto de las calles. Que diferentes los fríos y los calores secos o húmedos, pero que iguales las camisetas de manga corta y las pellizas. Que diferentes nuestros sufrimientos y placeres, pero que parecidos nuestros dolores de muelas, nuestras decepciones personales, nuestros enamoramientos. Que diferentes nuestros wáteres pero que iguales nuestros acuclillamientos en la taza o sin ella. Que diferentes nuestras salsas, pero que iguales nuestras formas de mojar el pan en los platos. Que diferentes nuestras patrias, pero que iguales nuestros líderes que nos engañan y nos distraen de nuestros dolores, de nuestros amores y de nuestras salsas.

Malditos aquellos que priman las diferencias para agrandarlas enterrando todo lo que nos iguala aún siendo tan distintos, sólo por avaricia, por ansias de poder y por demostrar que son los más patriotas luchadores de su diferente tierra que también forma barro cuando se moja, los odio.

El 12 de octubre

Ayer hubo un desfile militar en Madrid para celebrar la fiesta nacional del 12 de octubre. Cuando hacía el bachillerato, yo tenía un compañero cuyo padre era militar en la base de Torrejón y con el que fuí un día de desfile, que entonces llevaba el desgraciado nombre de la Victoria, a ver salir los cazas de Torrejón, que sólo cinco minutos después pasarían en formación por la Castellana. Era todo un espectáculo, pero yo entonces quería ser piloto de aviones, ahora ya creo que nunca lo seré, y pensándolo bien, tampoco me importa mucho, bueno, un poco.

Hace mucho que no veo algo tan aburrido como un desfile militar –visto uno visto todos-, pero parece que al desfile del 12 de octubre va gente de todo tipo, aunque últimamente se ha convertido en un lugar donde los fachas aprovechan para hacerse notar con el objeto de insultar a Zapatero y sus ministros, es decir, una tradición fachosa. Por otro lado, la propia fiesta es muy criticada por la izquierda que se dice más auténtica, porque dicen celebra un genocidio, también por independentistas de todas las Españas que dicen que es una fiesta nacional ajena a su “nación”, e incluso por falangistas de variado apellido que aprovechan para manifestarse por “su España auténtica y perdida”.

Decir sin embargo que el doce de octubre se ha convertido más en un problema que en una celebración, es falso, pues la mayoría de la población, excepto una multitud de zaragozanos que celebran el Pilar, pasa de ella, agradece, cómo en cualquier fiesta católica o pagana de las que se celebran durante el año, que ese día no sea laborable. Así que nos encontramos con que la fiesta del 12 de octubre sólo es celebrada por los izquierdistas más auténticos, por los más independientistas de cada territorio y por las reservas de fachas con bandera aquiluchal que quedan en cada lugar.

Esta celebración de la fiesta nacional de España a mi me parece curiosa e incluso me alegra, pues muestra como el llamado nacionalismo español es más una cuestión de sus opositores que son los que la revisten de contenido, que un sentimiento articulado y comparable al de los nacionalismos bien organizados de los territorios de las Españas, pero con el que actúan en involuntaria pero necesaria amalgama. Mientras, unos, si pueden, se van de puente, los que no, pues se cagan en todo si le pasan los aviones del desfile por encima de su cabeza, y otros, pues felicitán a su amiga o su prima que se llama Pilar.

El Estatut, el sinsentido, y el hartazgo de todo esto

Aprovechando un comentario que hice a una entrada del siempre lúcido Angel de Olavide en su blog, pensé que tal vez sería interesante poner mi comentario  como una entrada en el mío. Decía Ángel , (Aquí entre comillas) entre otras cosas, que:

 “Cualquier nacionalismo, incluido el español por supuesto, me parece propio de otras etapas historicas. Seguro que el nacionalismo contribuyó mucho al avance de los pueblos y a su defensa pero hoy me parece que es un arma ideológica poco acorde con los tiempos y con los retos de la humanidad.”  

Sin embargo, yo creo que, desgraciadamente, el nacionalismo está fuera de lugar si hablamos desde la razón, pero no desde la actualidad, pues nunca antes había estado tan en boga, y no solo en España.

En Cataluña, que es donde vivo, el nacionalismo es la salsa donde se cuece y “debe” cocerse lo que ellos llaman “lo nuestro”, lo fetén, lo correcto, tanto en política, como en cultura o en educación. De justicia es decir que muchos catalanes están de acuerdo con esta visión. Es sintomático como por aquí poco a poco se ha ido imponiendo un lenguaje en el que se habla de Cataluña y España como si de dos entes diferenciados se tratase, tanto en los medios de comunicación afines y no afines al nacionalismo pero en el que ya a veces caen, ¡sorpresa!, hasta los dirigentes del PP.

Los partidos políticos catalanes, salvo PP y Ciutadans (tan representativos de los catalanes como lo son los otros) son nacionalistas en mayor o menor grado pues entienden que solo con unas gotas o una riada de nacionalismo en su composición y mensaje tendrán asegurada una mayoría electoral, de ahí el rasgado de vestiduras generalizado ante la sentencia tan penosamente meditada del TC y las apelaciones a la movilización por la “agresión” recibida por Cataluña o por el “desprecio a la voluntad popular” de los catalanes que casi todos estos partidos han lanzado.

Claro que, no podemos olvidar lo que han dicho y dijeron algunos cargos del PP en toda esta historia de la tramitación del Estatut, su irresponsabilidad y sus mentiras que incluso incluyeron la recogida de firmas contra el Estatut en mesas por toda España cultivando la animadversión hacia todo lo que oliese a catalán (recordad el boicot al cava y los venenosos parlamentos de algunos medios comandados por aquel “gran comunicador”, Federico J. Losantos, y sus adláteres, que tanto predicamento desgraciada y penosamente tuvieron en el resto de España, y curiosamente también entre los más exacerbados catalanistas que, atestiguo, lo escuchaban con fervor para salir de casa convenientemente excitados y agraviados para afrontar la dura realidad del oprimido por “la bota de España”).

Tener sentido común ante este tema es difícil, o no tanto, pero está claro que falta entendimiento, y faltará mientras no hagamos lo posible por imponérnoslo todos, incluyendo, claro está, a los partidos de ámbito estatal que no deben sacar las cosas de quicio y entender los sentimientos de los que no sienten una especial o ninguna identificación con lo español, ni tampoco dejar de ejercer sus criticas hacia los nacionalistas con inteligencia y pedagogía, pero también a los nacionalistas catalanes, vascos o de donde sean, tan instalados en los despachos del poder de sus territorios que difícilmente cambiarán de mensaje. Suena por eso tan vacuo el mensaje de Zapatero de que con la sentencia del TC se cierra el estado de las autonomías, como si estos partidos fuesen a disolverse y a dejar de cultivar el agravio y la simbología que tanto moviliza al personal y que tan bien les ha funcionado ante la mentecatez y la falta de tacto de algunos políticos de la derecha, e incluso de la izquierda española. No debemos olvidar que el nacionalismo no lo es todo en Cataluña, ni molt menys.

Todos sabemos para que sirven las banderas por poco que nos gusten y que tipos de sentimientos azuzan, tan lejanos de la razón, sean estas  senyeras o las de la “roja”, sin que confundamos ésta última con la de la extinta URSS, aunque a lo mejor resulta que ésta ahora la esgrime el PP como nuevo Partido de los Trabajadores.

 Como diría el Blasillo de Forges en los viejos tiempos: ¡País!

Viaje en Semana Santa

Nos vamos hoy hacia el sur de Francia, o con mayor precisión al Languedoc-Rouisillon, lo que algunos relamidos de esta Cataluña donde vivo, eruditos a la violeta que diría Cadalso, si bien aplicado aquí a la Geografía y la Historia, llaman “Catalunya Nord”.  Este topónimo tiene que ver con ese otro tan querido también por los de la grandeur catalana,  “Els Països Catalans”. (Anda que si a alguien le diese por decir, refiriéndose por ejemplo a Colombia,  la España de ultramar…). 

El caso es que nos vamos al sur de Francia a pasar unos días de “merecido descanso”. Si, ya sé que es una frase manida, pero no me he podido resistir, y  a lo mejor hay algo de verdad en ella.  Además de los paseos y visitas a pueblos y ciudades, una de las cosas por las que me gusta Francia en Semana Santa es porque si pones el Telediario de la noche en estas fechas, casi al final de ellos, y antes de los deportes, puedes oír a la locutora decir que “Los cristianos han celebrado con una procesión en París la festividad de la Semana Santa”, y pasan a otra noticia, nada que tenga que ver con la información masiva e incluso en directo por algunas televisiones y radios españolas,  de las procesiones que se celebran en casi cada rincón de España llenas de tétricos y oscuros desfiles, que si bien pueden tener un rastro de belleza la primera vez que los ves, inmediatamente se convierten en una falta de respeto apabullante para con los que no creemos y tenemos la Santa Paciencia de aguantar la servidumbre de sus pasos cuando queremos andar libremente por nuestras calles. Es verdad, y justo es decirlo, que en Cataluña ese peso es infinitamente menor, no se ven casi procesiones, y las televisiones locales y regionales se quedan como mucho en Pasiones como la de Esparraguera.

El día ha levantado ya, voy a despertar a los bellos durmientes y a cargar el coche, huyamos hacia el Norte y entreguemos Sevilla, Alcalá de Henares y Zamora a las huestes apasionadas de cirio en mano y capirote aburkado, a vírgenes, cristos, pies descalzos, encadenados, flagelados, presos indultados, saetas, peinetas, lutos y sangres. Y mientras, huyamos mientras podamos, con todo lo que de renuncia tiene.