Un rinconcito al lado del mar / Un petit coin à côté de la mer

El viento leve, un padre con sus dos hijas vuelven colina arriba hacia la palmera  que tapa el sol último de la tarde. De repente estoy sólo. El mar viene y se va, viene y se va, como siempre hizo. Este pequeño rincón del mundo me hace fuerte. Nunca se puede morir en un lugar así, mientras abrazo mis piernas que se enfrían. Tengo la carne de gallina y noto que vivo, aunque me doy cuenta que no estoy sólo, las presencia aceptadas siempre pugnan por su sitio. Me siento en la hierba mientras el viento enfría mi piel y mece los juncos, y en ese mismo momento, alguien ve como la tarde se va por la menguante luz que entra por la puerta de la terraza, y también como un ligero viento mueve las cortinas de su habitación; su mirada se mece en ellas, como yo miro el mar…

Ir, volver.

Volver, volver, siempre volver. Sabes de lo irremediable de la vuelta, la temes, la odias, y curiosamente incluso la deseas, por alguna razón extraña, tal vez secreta.

El tiempo, el jodido tiempo que todo lo arrasa y carga nuestros escombros en la inmensa espalda del recuerdo donde todo cabe y cabrá, inabarcable bolsa en expansión como el universo, mientras el polvo, debido al viento, desperdiga los fragmentos de lo que un día fue cierto. El tiempo nos arrastra por mucho que nos aferremos sangrando a los peñascos y fijemos nuestros pies hundiéndolos en la tierra.

 La noche y el día se turnan eternos. Sólo aspiro hoy a perpetuar un momento, a continuar deseándolo y no solo en el recuerdo, y a dormirme después a su lado, o a estar soñando. Pero una vez vuelto, aquí estamos, sin saber como, o sabiéndolo, que cuando todo sea de nuevo irse, estaremos otra vez listos, olvidándonos de que después volveremos donde estamos, como siempre fue y será, estrenando el mundo como si fueran una camisa nueva. Eterna ilusión necesaria.

 ¿Qué por qué os cuento todo esto? No se, tal vez porque no se me ocurre otra cosa para salir del muermo. He estado una semana por el Cabo de Gata, donde siempre voy, de donde siempre vuelvo. No me hagáis mucho caso, hoy todavía estoy ingrávido pero quería contar algo, aunque sea tan leve como todo esto.