Ejercicios de observación

Anoche la Luna estaba llena, luego, cuatro personas unidas por lazos familiares cenaron juntas y hablaron de las cosas del día que se iba: la Luna seguía fuera sin que pudiéramos verla.

Esta mañana, que como todas me había levantado demasiado pronto, he dado un rodeo por las calles desiertas para llegar a la estación y así no tener que esperar mucho tiempo en el andén la llegada del tren: viajar siempre es gratificante si lo hacemos con tiempo.

En el segundo tren que he abordado esta mañana una señora estaba sentada justo enfrente de mí;  observaba a las personas que salpicábamos el vagón, seguro que a mí también me ha mirado mientras yo escribía: somos siempre unos desconocidos para los demás.

El hombre que se acaba de sentar a mi lado huele a sudor reseco. Si deja de trastear con su teléfono y mira a su lado izquierdo, tal vez pique su curiosidad y acierte a leer estas palabras que se refieren a él; tal vez cuando llegue a casa se duche con dedicación y por fin se cambie la camiseta y el jersey oscuro bajo su anorak de plumas también oscura, pero lo dudo: no nos importan los otros, pero tampoco nosotros mismos.

Estoy llegando de nuevo al trabajo y tengo el mismo interés de siempre cuando acudo a esta dedicación necesaria y obligada que uno ha tenido durante casi toda su vida: ninguno.

Dans le bar

Je vois une femme âgée sur une chaise roulant. Elle habite dans la maison de retraite en face de ce bar où je suis en buvant du café au lait. La femme est avec une autre femme, je crois qu’elle est sa fille. Elle est âgée aussi. Il sonne musique forte, mais…, nous sommes en Espagne. Dans la rue el pleut, mais la vie, comme les personnes est très diverse, pour elles, pour les serveuses, pour l’homme qui joue à la jackpot avec un tatouage sur le bras, …pour moi. Je paye mon café. Je les regarde à tous quand je suis en train de payer mon café, et la femme de la chaise roulant me regarde lorsque je passe à côté d’elle, je aussi la regarde aux yeux. Peut-être elle aussi imagine une histoire sur l’homme qui écrivait dans la table en face d’elles. Il ne pleut déjà.

Simbología y seguidismo después de un Real Madrid-Barça

¿Dónde está el hombre que pensaba y no se dejaba influir por las emociones bajas, pues tenía o luchaba por tener claro lo que era importante? ¿Cuando decidimos abandonar La Biblia por el Mundo Deportivo o el Marca como si uno sustituyera al otro pasando conscientes por alto los  millones de libros que sin lugar a duda nos harían ser otros?

Hay emociones excelsas, diría que necesarias: el amor, el arte, incluso, concedo, ciertas formas de deporte. Vivimos tiempos en los que prima lo fácil, lo que enseguida nos colma, lo que nos reafirma por hazañas interpuestas. Y en este ánimo, cuán bien nos sentimos cuando nos codeamos con los que creemos iguales porque gritan igual que nosotros sin resquicio de dudas y sin misericordia.

¡Ya!, ya se que hay peores lacras en el mundo, pero cuanto contribuyen algunas a anunciar el verdadero rostro de algunos seres humanos, como la victoria o la derrota de los héroes que muestran quienes de verdad somos cuando ni siquiera somos nosotros los que jugamos.

Una chica hoy en el metro, con su camiseta del Barça, como miles que deambulaban exhibiéndose sin complejos por la ciudad, hablaba del “hijo de puta de Mou” con una soltura y un desdén bien conseguidos, y sus compañeros -parecían universitarios- se reían de su “fina” ocurrencia. Los medios de comunicación que colaboran fieles con los vencedores  educan para el desdén y la mofa hacia el derrotado, como siempre hacen (es además el Madrid, símbolo de tantas cosas para ellos), los de los derrotados hablaran de victimismo y de las malas artes del ganador, (es además el Barça, símbolo de otras tantas para los otros) y los odios serán parecidos. Algunos dicen que estas dedicaciones aflojan la tensión de cosas más importantes, pero yo diría que lo verdaderamente importante hoy es esto, y que las cosas realmente importantes, hoy ya van de la mano de las que creíamos secundarias, en un pack cada vez más grande.

La laguna negra del pesimismo no es hermosa como la de los Picos de Urbión

Los datos y las noticias  sobre la actualidad internacional, nacional, autonómica o local forman una masa que se amontona y se apreta sobre el embudo de nuestro entendimiento hasta el punto de pudrirse y destilar las gotas que alimentan nuestro ánimo, siempre, salvo algunas que nos reconcilian con el individuo, van a parar a la laguna de negro pesimismo que se aloja en el fondo de nuestro estómago, donde con el bamboleo de nuestros pasos nos recuerda con dolores su existencia.

El mundo sigue igual que siempre, si a comportamientos humanos se refiere, somos esclavos de las mismas miserias, de los mismos errores, también de las mismas grandezas.

Haré, sin pensarlo mucho, porque no es necesario bucear mucho en la laguna para encontrarlos, una pequeña lista de hechos que corroboran mi percepción:

1. El mundo está tan superpoblado que además del agobio de encontrarnos con tanta gente por nuestras aceras, es difícil no pensar en que dentro de no muy poco tiempo no habrá suficiente especio ni recursos para que estemos, nos desplacemos y nos alimentemos todos en la Tierra.

2. La injusticia sigue vigente, aunque quizás nunca ha sido tan evidente si miramos la diferencia que existe entre la magnitud de lo que posee un sector muy pequeño de la sociedad mundial y lo poco que posee la inmensa mayoría de los habitantes de un mundo nunca tan poblado.

3. No se si volverá a haber guerras como las de antaño, no lo creo, pero la desesperación de miles de individuos por si solos u organizados bajo las siglas más interesadas, hostigará de mil maneras a aquellos que envidian y a todos lo que les rechazan, y con ellos iremos el resto, pues sin duda seremos todos quienes lo paguemos.

4. Los bancos amenazan que si no aumentan o mantienen sus ganancias arrastraran a la economía y por tanto al mundo en su caída. Los parados se quejan pero no pueden amenazar más que a unos pocos, casi siempre a sus más cercanos. Los estados no muestran su impotencia a las claras, si no que se dejan llevar y hacen caso a los bancos y a las grandes empresas, y sobre todo a otros estados más poderosos.

5. Los particularismos y las mentiras se extienden por la vida política, y en el caso de la española, nacional o autonómica, con excepcional dedicación. Ya nunca viviremos en un país donde lo importante sea vivir, sino discutir sobre como queremos vivir y algunos sobre lo diferentes que son a sus vecinos autonómicos, lo cual es evidentemente materia celestial y cuestión de fe, y que nos resta todo el tiempo necesario para la vida normal, para disfrute de los teóricos que construyen naciones y basan en esto la felicidad soñada que tan ciegos, sin saberlo o interesadamente, no ven que ya la tiene delante. Los españolitos, o perdón, los ciudadanos autonómicos, perplejos, o no avisados, o se dedican a cultivar tomates o se lo creen tanto como los embusteros que los jalean para participar en sus quimeras, y así estamos, sumergiéndonos en el disparate en el que muchos preclaros con gusto bucean.

6. Y finalmente una de grandeza. María es una chica sincera que de chiripa ha sorteado los cantos de sirena y las zancadillas de los bocazas en su caminar diario. Es una chica normal que no destaca especialmente, pero que sonríe como a lo largo de toda su vida ha hecho, y esa sonrisa que es su fuerza es la que me hace tener esperanza de que a pesar de todo hay personas  de naturaleza optimistas que pueden empujarnos al resto y nos hace olvidar a los memos y a sus razones embusteras. Por que algo me dice que cuando su sonrisa se extiende por las habitaciones de las casas y por las calles, que ni los políticos ladrones, ni los banqueros en su blindada nube, ni los gobernantes inútiles, ni las naciones sin estado que se inventen mañana, ni los bobos que se creen lo mejor del mundo, ni Al-Queda o  sus compañeros de métodos defensores de otras etnias o religiones podrán con esta sonrisa ni con mujeres como ella, pues aunque aquellos ganen, nos maten o nos hieran, siempre habrá una sonrisa como la de ella para mostrarnos que sigue habiendo personas que sin saberlo diariamente nos redimen y que, a la vez, engrandecen la especie humana, aunque sean sólo momentos.

El 12 de octubre

Ayer hubo un desfile militar en Madrid para celebrar la fiesta nacional del 12 de octubre. Cuando hacía el bachillerato, yo tenía un compañero cuyo padre era militar en la base de Torrejón y con el que fuí un día de desfile, que entonces llevaba el desgraciado nombre de la Victoria, a ver salir los cazas de Torrejón, que sólo cinco minutos después pasarían en formación por la Castellana. Era todo un espectáculo, pero yo entonces quería ser piloto de aviones, ahora ya creo que nunca lo seré, y pensándolo bien, tampoco me importa mucho, bueno, un poco.

Hace mucho que no veo algo tan aburrido como un desfile militar –visto uno visto todos-, pero parece que al desfile del 12 de octubre va gente de todo tipo, aunque últimamente se ha convertido en un lugar donde los fachas aprovechan para hacerse notar con el objeto de insultar a Zapatero y sus ministros, es decir, una tradición fachosa. Por otro lado, la propia fiesta es muy criticada por la izquierda que se dice más auténtica, porque dicen celebra un genocidio, también por independentistas de todas las Españas que dicen que es una fiesta nacional ajena a su “nación”, e incluso por falangistas de variado apellido que aprovechan para manifestarse por “su España auténtica y perdida”.

Decir sin embargo que el doce de octubre se ha convertido más en un problema que en una celebración, es falso, pues la mayoría de la población, excepto una multitud de zaragozanos que celebran el Pilar, pasa de ella, agradece, cómo en cualquier fiesta católica o pagana de las que se celebran durante el año, que ese día no sea laborable. Así que nos encontramos con que la fiesta del 12 de octubre sólo es celebrada por los izquierdistas más auténticos, por los más independientistas de cada territorio y por las reservas de fachas con bandera aquiluchal que quedan en cada lugar.

Esta celebración de la fiesta nacional de España a mi me parece curiosa e incluso me alegra, pues muestra como el llamado nacionalismo español es más una cuestión de sus opositores que son los que la revisten de contenido, que un sentimiento articulado y comparable al de los nacionalismos bien organizados de los territorios de las Españas, pero con el que actúan en involuntaria pero necesaria amalgama. Mientras, unos, si pueden, se van de puente, los que no, pues se cagan en todo si le pasan los aviones del desfile por encima de su cabeza, y otros, pues felicitán a su amiga o su prima que se llama Pilar.

Escritos imprevisibles sin mensaje claro

Se acerca la primavera, ¿lo notáis? Hay más luz, más sinceridad en el aire, puta sinceridad que te restriega por la cara tus carencias, tus deseos, tus logros, y claro, también te mece en su dulce atmósfera del presente, en el futuro inexistente, en ese hilo invisible entre lo que un día fue y lo que pudiera ser, … aquellos días  no tan lejanos.

 Lo bueno de tener 50 tacos es que uno parece Clint Eastwood y ya no llora por casi nada, bueno miento, tengo muchos puntos flacos, pero algunas cosas que antes podían hacerme llorar  ahora las relativizo, me despisto y me salgo por la salida de emergencia del túnel, trucos de viejo, -bueno, no tanto-. Se va el invierno amigos, y con éste el impermeable que nos ha guarecido, ahora llega la manga corta, la falda corta –¡uf!, ahora iré a pelo sin remedio, notando en la piel ansiosa la excitación de mirar, pero también el frío primaveral de la piel intocada, –que le vamos a hacer- vosotros mirad a quien queráis, o miraros a vosotros.

 Mi sombra es negrísima en la pared anaranjada de ladrillos en la tarde, mis pasos  invariablemente soportan mis recuerdos, ya sufro la primavera pero deseo su aire, y me cago en el copón, pero deseo ver el mar y el color marrón de las montañas peladas, la noche tibia, la brisa oscura, escribir, leer, soñar, quizás besar, soñar de nuevo, la sonrisa ahora a mi ajena, y el mundo de ahí afuera, donde yo estaré dentro de un rato, porque esto amigos, esto que se va, esto es una parte muerta, como la caspa, células muertas prestas a desprenderse. Algo en mi late, vibra, y sin embargo, algo me dice que estoy equivocado, que nada es como parece ser, que aún habrá sorpresas, de momento a veces silbo por los pasillos, y no me sale mal, la música me mueve, mi cara sonríe, y le guiño un ojo, ¿a quién? A quien me devuelva un guiño y su sonrisa.

¡Joder, que tarde más bonita!

La creatividad

A veces la creatividad define un estado falso de nuestra actividad mental, parecería que en dicho estado seríamos capaces de componer algo medianamente original que transmita con fuerza y claridad nuestros sentimientos, pensamientos, deseos, descubrimientos u obsesiones. A veces lo que deseamos es que nos invada para crear algo bello que se acomode a lo que disfrutamos, añoramos o sufrimos, pero no es algo que responda inmediatamente a la voluntad sino que es caprichosa en su aparición, y a menudo tiene que ver con el objeto indirecto de su motivación lo que refuerza el impulso creativo, a menudo de una forma imprescindible. Ahora  siento la necesidad de escribir, me gustaría mucho comenzar y seguir, y seguir, sin embargo es un empeño vano, puedo componer algo cortito, como mucho, aunque casi siempre lo borro, no me llegan las fuerzas, supongo que las tengo dispersas, faltas de una concentración que me tienen deshilachado. Me gustaría también poder componer una carta certera, sincera, vibrante, rica, y ésta si que se que sería capaz de hacerla, lo que no podría es enviarla. ¿Es esto creatividad? ¿No es más bien una prueba de que la creatividad y la inspiración son algo relativo y que deberíamos hablar mejor de necesidad, o también de necesidad? ¿No es la necesidad la que nos empuja a hablar como nunca antes hemos hablado cuando nos interesa convencer a alguien a quien nos interesa mucho hacerlo? ¿No es, junto a la inspiración, la necesidad de demostrar que nuestra obra es digna de admirar, la que nos empuja a escribir, a pintar, a fotografiar? Ahora ya son las tres menos cuarto de un viernes, es tarde par empezar, tarde para escribir, tarde para enviar éste u otro texto. Puede que además sea difícil crear algo extenso, y puede que en realidad quisiese escribir otra cosa y me ha salido esto. Bueno, por algo se empieza, pero ¡está tan lejos de lo que quisiera! Menos mal que ahora me voy al cine, que esto creo que no os lo había dicho. Es como si saliese al recreo, pero ya me gusta hacerlo.

Algunas preguntas y algunas de las respuestas

1. ¿Cual es el sentido de la vida?

No preguntarse nunca sobre el sentido de la vida.

2. ¿Que hacer entonces con nuestra vida si no tenemos una guía que nos ayude?

Levantarse de la cama primero, por supuesto, mirar por la ventana por si llueve y salir, sonreírle a la vecina que nos guste y ser sinceros con ella y con nosotros mismos, entonces nos podemos mojar juntos bajo la lluvia porque no nos importará en absoluto que se nos noten los pezones duros bajo la camisa, y menos, claro, si es a ella a quien se los notan. La vida tendrá entonces un sentido claro y no nos importará que éste no dure a lo largo del tiempo, tendremos suficiente con obtener lo que deseamos con impaciencia en un día de lluvia, entonces podemos volver a la cama, ahora sí, con ella. Y que no se nos olvide llamar al trabajo para decir que estamos enfermos, la felicidad es corta y dura lo que un sueño, mañana será otro día.

3. Cuando nos invada la apatía ¿qué hacer con el jamón de York y el yogurt Activia que nos caducó ayer y que habíamos decidido comernos hoy?

Ser desprendidos, no nos debe importar perder algo si lo que ganamos es peor, igual o mejor que lo perdido. Un beso  que ganemos de ella nos aflojarà de la tensión que la materialidad nos provoca, y si notamos que el estómago nos ruge porque tenemos gazuza, siempre podemos dejar que nos moje una galletas Campurrianas en un café con leche caliente y nos las de ablandadas en nuestra boca, las risas por las gotas de café sobre nuestra piel desnuda nos hará sentirnos de nuevo vivos. Eso sí, no nos olvidaremos de tirar el jamón de York a la basura si se ha puesto tieso y de color marrón oscuro, pero el yogurt nos lo podemos comer con tranquilidad, a buen seguro no nos envenenaremos.

4. ¿Qué hacemos entonces?

 ¿Con qué?

 5. ¿Tienes idea de por qué vamos a trabajar todos los días?

Pues pensar y ansiar la hora de la salida, porque siempre esperamos que la tarde o el fin de semana serán distintos y que en esas horas por fin seremos felices, y así nos puede ocurrir, sí, a veces pasa, aunque tal vez debamos, si no lo hacemos ya, mirar más cerca, pues tal vez podamos disfrutar aquí igual que fuera, no digo con el trabajo, aunque también se pueda dar el caso, digo con lo que nos deparan estas horas aquí encerrados. No debemos perder de vista que la gente que nos rodea también se distrae con los ojos taladrando el techo y mirando más allá de los cielos buscando una redención que los eleve de la insulsa cotidianidad; que también se ríen y lloran, se excitan o se aplastan, que también tienen sus ratitos de debilidad y que a veces nos miran, algunas deseando besarnos, y otras denigrarnos, ¿o acaso no lo sabíamos?

6. ¿Por qué siempre piensas y hablas del deseo?

Es evidente que si no deseáramos, si nuestros ojos y nuestras mejores palabras no se perdieran por el cuerpo y la mente de nuestros prójimos más atrayentes, la jornada sería una plana sucesión de horas y conversaciones relacionadas con expedientes, sinergias, estrategias y presupuestos. Pero no es eso una alternativa, suceden al mismo tiempo, ya escribí una vez sobre lo que en realidad a veces pensamos e imaginamos cuando hablamos por ejemplo con una mujer sobre “posibles alternativas al Convenio de Kyoto”, más allá de nuestra educada respuesta, para nuestros adentros decimos: ¿Cómo sería bajarte la falda y tumbarte despacio sobre la cama de la habitación de un hotel escondido? Pero que quede claro, una cosa no tapa la otra, somos binarios y podemos hablar en dos planos a la vez, algunos incluso en tres, otros, es verdad, solamente en uno.

7. ¿Existe Dios?

Por supuesto, es nuestro guía perfecto, el de cada uno, al que podemos interpretar como nosotros queramos y que nos ayuda a sobrevivir y a encontrar fortaleza para continuar adelante. Ahora bien, para eso hay que creer en él, es como el sentido de la vida que aparece en la primera pregunta, no hay que plantearse nunca si existe o no existe, recémosle a nuestra imagen y semejanza y creemos nuestra propia conciencia y tabla de pecados. ¡Por un dios libre, seamos creativos!

8. ¿Quién es usted?

El enviado de Dios en la Tierra, como usted, como yo, lo acabo de descubrir ahora mismo, y eso me salva de posteriores preguntas, se acabó la entrevista. Buenos días.

9. Le deseo.

¿Perdón?

10. Ya me ha oído, estoy aburrida de esta papel que me ha tocado vivir, no entiendo nada de lo que me rodea, no se que hacer con mi vida, pero se que puedo pasar un buen rato con usted, por eso le estoy haciendo una proposición, ¿se quiere acostar conmigo y levantarse conmigo en la mañana y si le place volverse a acostar sin prisa hasta el mediodía?

No hay cosa que más desee, pero espere que me coma el yogur.

Ganas

Hoy tengo de rasgar el papel con la punta de titanio reforzado de un bolígrafo poderoso con mil litros de tinta en su depósito. Un difuso malestar bloquea cualquier atisbo de sacar mi cabeza por encima de este agujero de 1,60m x 1m donde estoy enclaustrado. Desearía, creo, o debo creer, salir con una euforia de pasos recobrados, recuperar los millones y millones de ángulos con que se puede ver y estudiar el mundo con las ansias multiplicadas por mil de aquellos quince días de internamiento obligado en un hospital, donde veía siempre la misma esquina de una calle que estaba siempre allí desde el único ángulo posible de la ventana de mi habitación. Era una esquina insulsa de una calle estrecha y poco transitada, un dibujo inamovible tras el cristal pero cambiante en su luz, atractiva en las mañanas, en las tardes y en las noches donde sediento deseaba estar para recobrar y celebrar la rutina perdida, creyendo que me merecía una nueva oportunidad para recuperar el ritmo olvidado y ahora redescubierto de la vida.

Tengo entonces ganas de salir pateando las piedras de este pedregal ardiente y helado según el día que solo puedo ver desde este agujero y manchar mis botas de polvo y de barro, y de notar como se abrasa mi piel al mediodía y me deshago en un sudor frío bajo los cuarenta grados que calientan la tierra y todo lo que vive o se coloca sobre ella. Quiero quitarme la camisa y meter la cabeza bajo una fuente y refrescarme, mojarme todo y volver a ponerme un sombrero de paja y unas gafas de sol, y sentarme después bajo un árbol y oír a las cigarras de la tarde. Quiero notar como llega el frío y se me pone la carne de gallina y necesitar de mi viejo abrigo azul, ahora manchado de polvo, y acurrucarme mirando desde mi frágil refugio de la montaña arriba la luna y las estrellas, abajo los rastros de los hombres mientras sorbo y me agarro con las dos manos a un café caliente. ¿Y mañana?, pues el Díos de las frases hechas dirá, tal vez andaré hasta el mar o me quedaré unos días en un pequeño valle de árboles ralos entre las piedras y un estanque a la sombra.

Un grifo inexistente y atorado de inmundicias necesita romperse para dejar manar un torrente de palabras perfectamente colocadas donde mi imaginación y mi rabia bien dispongan, y que no tenga nunca que corregirlas o cambiarlas. No tengo un plan establecido, solo la necesidad de escribirlas, de describir y contar el mundo que me rodea y que interpreto. Tengo ganas de no parar, y sin embargo no tengo ninguna de levantarme, tal vez entreveo su mano tendida a mis espaldas.

Horas

Hay mañanas, como la de hoy, en las que el tiempo se entretiene entre las paredes colmadas de archivadores y ventanas sin saber que hacer ni por donde continuar su inexorable camino. Las horas danzan sones aburridos y se demoran en el minutero sin dar el relevo a las que les siguen. Algunos que por aquí pululan las sacan a bailar y les meten mano, les hablan y les hablan con la intención de resaltar sus aparentes atributos, pero al final las duermen con su discurso y las horas se hacen días entonces, como en esta mañana larga, larga. Yo quisiera que pasaran raudas pero que fuesen muy lentas, que fuesen entonces días al ver atardecer en su piel dorada.