“Los animales no son comida”, dicen.

“Los animales no son comida”, he leído en un cartel, supongo que de alguna asociación de defensa de los animales.

Es evidente que los bichos vivientes no nacemos para ser comida, otra cosa es que en un momento dado lleguemos a serlo. Cierto es que en condiciones de relativa normalidad, los humanos no somos comidos ni por nosotros mismos ni por animales más grandes que nosotros, aunque en algunos lugares de la Tierra esto tenga más posibilidades de producirse que en Burgos, pongo por caso. Los que lo tiene peor son los propios animales sin alma, es cierto, porque además de comérnoslos nosotros, y no a todos, pues somos un poco escrupulosos en época de abundancia, algunos de ellos tienen la buena o mala costumbre de cazar a otros más pequeños para seguir viviendo.

Así que no entiendo este eslogan que desea que todos comamos, supongo que verdura todo el tiempo, por mucho que las judías verdes este muy ricas. Puede ser que una vez conseguido el objetivo de que los bichos no sean comida para los humanos, podamos convencer a la pantera negra y a la araña del rincón del dormitorio de que coman romero o polen en vez de a la tierna gacela de ojos implorantes o a la molesta mosca que sin ningún remordimiento aplastaríamos contra el cristal de la ventana cuando le da por aterrizar y despegar de nuestra piel sin miramiento una vez detrás de otra.

¿En qué clase de ficción se instalan algunos para pedirnos a resto de los 7.300 millones de humanos –y subiendo- que habitan la Tierra y que necesitan comer todo tipo de alimentos, para pedirnos que no no comamos otros animales?

El que quiera, eso sí, que se hinche de coliflor, leche de soja y de algas del Mar de los Sargazos, pero que no confundan con afirmaciones fuera de lugar. Desearíamos que el número de tigres de Siberia, ahora tan amenazado, pueda seguir creciendo, si es que lo hace, a base de conejos o de zorros. Eso no quiere decir que los animales que destinamos a la alimentación humana no deban vivir en condiciones dignas y por supuesto con las suficientes garantías de salubridad.

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