Un salto a Madrid

Un día también saltamos a Madrid, un salto que siempre me gusta dar, que estira mis piernas y abre mis ojos. El nuevo reencuentro me llena de parsimonia observadora de los detalles que uno ama, ¡ay!, aquí uno no ve los errores, pues lo que se impone es disfrutar de un mañana envuelta en un sol de regalo perfectamente contrastado en sus sombras. Tenía ganas de estar hoy aquí.

Esta mañana la ciudad es sobrevolada por un gigantesco dirigible que ahora atraviesa el cielo del comienzo de la calle de Alcalá con sus cuadrigas, claraboyas, cúpulas y terrazas en lo alto, y los plásticos azules de los acampados del 15M abajo, en la ciudad soñada que despierta desde la Puerta del Sol. Cientos de jóvenes escenifican su buena disposición limpiando marquesinas y persianas. Son coloridos, risueños y, sobre todo, jóvenes en su gran mayoría. Viven en un pueblo ideal, y sin embargo real, tras un mes de historia. Se ve que pronto llorarán al separarse y destruir lo construido. Ésta es la fórmula de la convivencia perfecta. Un período prospero y feliz que dura poderoso bajo la presión de lo que no lo comprende o lo rechaza. Su fortaleza y entusiasmo lo mantiene durante un espacio de tiempo fecundo y hermoso, que se sabe finito, como el amor, como la amistad, como la vida…

Han establecido lazos, han hecho historia sin desearlo ni haberlo pensado. Sorprendentemente han demostrado capacidad para organizarse, para emitir esperanza, para influir en la opinión de toda España, imponiéndose la seriedad de sus propuestas, mostrando la humanidad de su impotencia a la hora de continuar su movimiento, su ingenuidad transgresora ocupando la calle que casi sin creerlo era también suya. Me gusta verlos, me emocionan, los envidio, hoy me gusta más Madrid por ellos. Son esta gente la que tapa el paisaje y lo construye de nuevo, sea aquel hermoso o feo, para convertirlo en algo inolvidable, un estreno. Sus colores tapan la calle y nos hacen apreciarla de nuevo. Las manos levantadas hacen un movimiento lateral continuo y rápido sobre su propio eje, derecha e izquierda, derecha e izquierda, para aprobar las propuestas y los discursos de los que hablan.

Y todos se miran y se reconocen, quieren creer, pero sobre todo hacer, y quieren convencer con su ejemplo. Quieren que los miremos, que les sigamos, quieren demostrarnos que ahora son ellos los protagonistas, y yo me inclino encantado de ver a dos chicas jóvenes hablando con una soltura que parece innata, desgranando sus reivindicaciones con la serenidad de su experiencia, corta o larga, pero evidentemente intensa, con la seguridad que da transmitir lo que se cree. Da gusto oírlas, y ver a la gente sentada bajo un sol de verano que hasta ha hecho abrir los paraguas, escuchándolas, aprobando su discurso con sus dos manos en movimiento, y con aplausos, como cuando hablan del dispendio que supondrá la próxima visita del Papa. Luego habla un chico con barba, bastante más mayor, de la vieja guardia, con la misma serenidad, aplomo y sensatez. Uno más de la gran asamblea. Sigo sorprendido por todo ello, me anima, me alegra ver a toda esta gente bajo este sol en Sol. Todo no está perdido en este mundo cada vez más injusto, y pienso que solo el avance lento pero seguro de las propuestas sensatas pueden ir calando en la gente para concienciarla y luchar, ahora sí, para hacer cambiar las cosas hacia mejor. También entiendo la desesperación que hace y hará a muchos no pararse en mientes y querer cambios radicales para mañana mismo. También existirán los desvíos a ninguna parte, el oportunismo, la salsa de los amantes del follón, que puede ser otra forma de divertimento, pero también el camino elegido por los creyentes en la revolución violenta, del caos que a la larga produciría un mundo justo soñado, lo que siempre, como ya sabemos, hará nacer una sociedad ya herida.

Pruebo a levantar las manos para aprobar las propuestas, me gustaría parecerme a ellos, estoy de acuerdo, y lo hago, pero no, no soy de ellos, soy otro, apenas un intruso, un simpatizante que podría apoyarlos. Un acto de mera solidaridad en esta Puerta del Sol que pese al sol que aplasta apabulla de vida, es decir que a uno le hace acordarse de la palabra, de vida, claro, y de un futuro en el que no podemos dejar de pensar mejor a pesar del pesimismo que las evidencias se empeñan en transmitirnos, pero mientras, la ciudad bulle, hermosa en la tarde. Y ahora me voy alejando poco a poco, el oso sigue de guardia, e impasible no deja de mirar la copa del madroño, para comérselo o para seguir viendo de reojo el paisaje que le rodea: los plásticos azules, las manos en alto que aplauden sordas… La Puerta del Sol ya a lo lejos.

Esta tarde, después de comer visitamos la exposición sobre los tesoros de Polonia en el Palacio Real. De repente me encontré delante de la “La dama del armiño”, un cuadro de Leonardo da Vinci que sorprende por su verosimilitud,  su gesto sugerente,  sus detalles, y su propia historia. Por un momento me parecía encontrarme delante de la capilla de una virgen milagrosa. En realidad fue la amante de Ludovico “El Moro”, duque de Milán. Yo fuí sólo -de nuevo también aquí- un fiel admirador de la imperfecta vida, de su belleza… No llegué a postrarme ante ella, solo la miré, y ella miraba por encima de mi hombro, y al cerrar la puerta sentí que se quedaba dentro, y no pareció importarle.

Salimos al sol de la plaza de la Armería solitaria, antes de ir a Sol por segunda vez en el día. La calles repletas de gente, paseando, bebiendo, jugando, a la sombra, al sol, caminando… el día seguía siendo hermoso.

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Los papeles de Wikileaks

Estoy leyendo estos días todas estas nuevas noticias, ¿nuevas? Sobre los despachos, informes o cables de las embajadas de Estados Unidos repartidas por el mundo, a su Departamento de Estado. De repente me parecía como si estuviese asistiendo a la apertura del sobre con la carta donde se explicaba el tercer secreto que la Virgen de Fátima contó a las pastorcillas, o la prueba definitiva de que hay vida en Marte, e incluso discotecas subterráneas que algunos astronautas terráqueos ya han visitado.

Leyendo ese cúmulo de papeles hemos visto confirmada la existencia de un mundo subterráneo, pero bajo ésta nuestra Tierra, que el ciudadano no conoce más allá de los comunicados oficiales de los gobiernos, las fotografías de seres sonrientes que se dan la mano tras entrevistarse y que intentan plasmar en esa pose, la transmisión de una idea sobre por ejemplo la buena sintonía entre sus dos países, o bien los discursos siempre contenidos, bien trabados y plagados de tópicos y sobre todo tan aburridos, con los que nos obsequian nuestros representantes políticos habitantes ya de otra galaxia en la que se establecieron huyendo de nosotros, que nunca sabremos entender las supremas razones que explican sus actuaciones, que siempre son, claro, en pos de un interés superior a nuestras mezquinas exigencias de justicia básica, a nuestra fea costumbre de no entender la “complicada” realidad que ellos si entienden, porque el mundo es “complicado” y no tan “de cajón” como el que podemos ve en nuestros trayectos diarios de nuestra casa al trabajo.

Es éste un espectáculo esperanzador, pues al contrario de lo que se dice, creo que humaniza a políticos, embajadores, jueces, fiscales, guerrilleros, primeras damas, hombres fuertes en la sombra, ulemas, militares, presos, mafiosos, sacerdotes, etc. Todo lo que sospechábamos y que ya habíamos aceptado nos escondieran, aceptando nuestro papel de comparsas, pues bastante tenían con lo suyo, resulta que ahora podemos verlo, leerlo y escucharlo como aquel diablo cojuelo que levantaba los tejados de Madrid para mostrarnos lo que pasaba bajo ellos. Y ¿qué descubrimos?, pues que tienen opiniones como nosotros más allá de sus gobiernos, que nos son tan rectos y sin alma como parecen, que son mezquinos y también agudos, que no se dejan llevar por sentimentalismos cuando del prójimo se trata, que son egoístas y también ensimismados, que detectan las pasiones humanas y sus debilidades, también del prójimo. Que son envidiosos y exhaustivos, en fin, que se parecen mucho a nosotros, y que, en definitiva, son tan simples como nosotros, tanto, que también mienten, y mucho, como nosotros.

Pero si, somos muy iguales, nos escandaliza lo que descubrimos en ellos, tal vez porque en el fondo habíamos depositado en ellos nuestra confianza y queríamos que fuesen realmente distintos. Queríamos creernos sus discursos y el mensaje de sus fotografías, porque necesitábamos creer en un mundo mejor, y sin embargo, aun con la buena noticia de poder saber lo que pasaba, de sentirnos más libres por ello, en el fondo también nos apena que sean como nosotros, aunque tal vez, ahora que parecen descubiertos cabe la posibilidad de un mundo más sincero en el que desaparecieran los dobles raseros y el mensaje soterrado de los gobiernos, de los jueces, de los bandidos, de los religiosos y de sus embajadores, aunque ya sabemos que esto no va a ser así, pues derrumbada la antigua torre, ya estamos asistiendo a la construcción de una nueva donde todos quepan de nuevo, y ahora, no nos engañemos, sabrán que no se les debe escapar nada, pues peligra su distinción, y para eso si que no están entrenados, nosotros sí, y por eso no nos queda más remedio que aceptarlo, tal vez porque al final somos más sabios, pero también más confiados, y eso ellos si que lo saben.

La laguna negra del pesimismo no es hermosa como la de los Picos de Urbión

Los datos y las noticias  sobre la actualidad internacional, nacional, autonómica o local forman una masa que se amontona y se apreta sobre el embudo de nuestro entendimiento hasta el punto de pudrirse y destilar las gotas que alimentan nuestro ánimo, siempre, salvo algunas que nos reconcilian con el individuo, van a parar a la laguna de negro pesimismo que se aloja en el fondo de nuestro estómago, donde con el bamboleo de nuestros pasos nos recuerda con dolores su existencia.

El mundo sigue igual que siempre, si a comportamientos humanos se refiere, somos esclavos de las mismas miserias, de los mismos errores, también de las mismas grandezas.

Haré, sin pensarlo mucho, porque no es necesario bucear mucho en la laguna para encontrarlos, una pequeña lista de hechos que corroboran mi percepción:

1. El mundo está tan superpoblado que además del agobio de encontrarnos con tanta gente por nuestras aceras, es difícil no pensar en que dentro de no muy poco tiempo no habrá suficiente especio ni recursos para que estemos, nos desplacemos y nos alimentemos todos en la Tierra.

2. La injusticia sigue vigente, aunque quizás nunca ha sido tan evidente si miramos la diferencia que existe entre la magnitud de lo que posee un sector muy pequeño de la sociedad mundial y lo poco que posee la inmensa mayoría de los habitantes de un mundo nunca tan poblado.

3. No se si volverá a haber guerras como las de antaño, no lo creo, pero la desesperación de miles de individuos por si solos u organizados bajo las siglas más interesadas, hostigará de mil maneras a aquellos que envidian y a todos lo que les rechazan, y con ellos iremos el resto, pues sin duda seremos todos quienes lo paguemos.

4. Los bancos amenazan que si no aumentan o mantienen sus ganancias arrastraran a la economía y por tanto al mundo en su caída. Los parados se quejan pero no pueden amenazar más que a unos pocos, casi siempre a sus más cercanos. Los estados no muestran su impotencia a las claras, si no que se dejan llevar y hacen caso a los bancos y a las grandes empresas, y sobre todo a otros estados más poderosos.

5. Los particularismos y las mentiras se extienden por la vida política, y en el caso de la española, nacional o autonómica, con excepcional dedicación. Ya nunca viviremos en un país donde lo importante sea vivir, sino discutir sobre como queremos vivir y algunos sobre lo diferentes que son a sus vecinos autonómicos, lo cual es evidentemente materia celestial y cuestión de fe, y que nos resta todo el tiempo necesario para la vida normal, para disfrute de los teóricos que construyen naciones y basan en esto la felicidad soñada que tan ciegos, sin saberlo o interesadamente, no ven que ya la tiene delante. Los españolitos, o perdón, los ciudadanos autonómicos, perplejos, o no avisados, o se dedican a cultivar tomates o se lo creen tanto como los embusteros que los jalean para participar en sus quimeras, y así estamos, sumergiéndonos en el disparate en el que muchos preclaros con gusto bucean.

6. Y finalmente una de grandeza. María es una chica sincera que de chiripa ha sorteado los cantos de sirena y las zancadillas de los bocazas en su caminar diario. Es una chica normal que no destaca especialmente, pero que sonríe como a lo largo de toda su vida ha hecho, y esa sonrisa que es su fuerza es la que me hace tener esperanza de que a pesar de todo hay personas  de naturaleza optimistas que pueden empujarnos al resto y nos hace olvidar a los memos y a sus razones embusteras. Por que algo me dice que cuando su sonrisa se extiende por las habitaciones de las casas y por las calles, que ni los políticos ladrones, ni los banqueros en su blindada nube, ni los gobernantes inútiles, ni las naciones sin estado que se inventen mañana, ni los bobos que se creen lo mejor del mundo, ni Al-Queda o  sus compañeros de métodos defensores de otras etnias o religiones podrán con esta sonrisa ni con mujeres como ella, pues aunque aquellos ganen, nos maten o nos hieran, siempre habrá una sonrisa como la de ella para mostrarnos que sigue habiendo personas que sin saberlo diariamente nos redimen y que, a la vez, engrandecen la especie humana, aunque sean sólo momentos.

Un nuevo año

Ustedes ya vieron que fue del mundo en estos años. Ustedes ya vieron que este año es peor, pero que el anterior también lo fue. Ustedes ya vieron lo que quisieron ver, a veces sin preguntarse lo que habían visto y, sin embargo, siguieron pensando igual que antes de verlo. Y aquí estamos, comenzando un nuevo año en la historia del mundo, con las mismas guerras y hambrunas, con las mismas bellas canciones y espectaculares paisajes, con un escandaloso saldo positivo en el cómputo de habitantes y también en el de pobres, con más frío en este invierno que por supuesto es el más frío de la historia, y mientras, algunos seguimos disfrutando, a veces sufriendo, a veces llorando y casi siempre que podemos, riendo.
Lo dicho, un nuevo año, que feliz les sea

Hoy que es 20-N

Hoy es 20 de noviembre, y no le quiero dar mayor importancia, se murió el que no deberíamos haber conocido nunca, lastima de tanto daño, de tanto mal más allá de su muerte. Cuanto me alegraría de no alegrarme de que ya no exista porque eso significaría que nunca me hubiera enterado de su presencia sobre la Tierra. Maldito dictador, cutre y egoísta que por sus deseos de grandeza fue capaz de sacrificar generaciones de españoles a la cutrez y el atraso intelectual y cultural de él y sus adláteres, y  cuanto estamos pagándolo. Sirva este 20-N para recordar su pesada herencia, pues quedan muchos, no ya los sinceros franquistas, sino aquellos que aún no añorándolo no son capaces de tomar distancia de su persona y su obra porque siempre han creído que, a pesar de todo, su “trabajo” fue necesario. Maldita herencia castrada de inteligencia que aún perdura y que se reproduce también justificando políticas compensatorias en regiones españoles de reivindicada vanguardia. Maldita tristeza de comprobarla en tanta gente que aun sin saberlo se comportan como el complejo franquista quiso que se comportaran. ¿No les suena hoy Rouco Varela, o Esperanza Aguirre o la penosa utilización de las asociaciones de victimas del terrorismo? ¿Y en los inmaculados predios autonómicos los trabajos de construcción nacional para apuntalar y justificar  injustas preponderancias ante sociedades muchas veces perplejas?  

Hoy pues que es 20-N, una vez recuperada la memoria de la que muchos hablan, no perdamos el presente, desenmascaremos a los interesados herederos, a los voluntarios y a los ignorantes de serlo, pues la historia pasada no tiene vuelta atrás, pero sí la que en el futuro otros vivirán y estudiarán.