Los gatos negros no tienen teléfono

Algunas mañanas, al salir de casa camino del trabajo, el frío que viene de la noche me instala por unos momentos en la oportunidad de comenzar de nuevo, aunque no sepa el qué, quizás todo.

No se ve a nadie en el corto camino hasta la estación, hoy sólo un gato negro y cojo de una pata trasera, que se para y me contempla confiado mientras paso a su lado saludándolo. Nos miramos y él lo sigue haciendo mientras me alejo pensando en que piensa un gato cojo solitario en la noche viendo pasar a un humano solitario. Su mirada no es orgullosa, ni quejosa, ni es pedigüeña, ni extrañada, ni desesperada, ni desconfiada, ni busca dar pena; muestra la característica dedicación animal por vivir, es curiosa y amigable; y mudo cómo es este negro individuo, se comunica conmigo definitivamente con su mirada. Parece apreciar la casualidad de este encuentro inesperado en esta esquina alumbrada por una farola, por eso parece decirme: “No me olvides, tú y yo somos vecinos, aunque yo sea cojo y gato y tu legañoso y resignado, por muy esperanzado que te encuentres a estas horas de la mañana y me mires desde tan arriba, yo también lo estoy en encontrar un lugar tranquilo y a salvo donde dormitar”.

Mientras espero el tren echo un vistazo a mi teléfono: correo, noticias, mensajes. Otro día más la misma búsqueda de entretenimiento que en esencia es la propia acción repetitiva de la consulta: nos entretiene no en la acepción de divertimento, o al menos no siempre, sino en la otra que se explica porque no nos permite hacer o disfrutar de otras cosas (si es que lo quisiéramos); por ejemplo el silencio tan codiciado, o aquello de lo que cada vez somos más consciente hemos gozado pero hemos perdido, interrumpidos por nuestro uso de estas máquinas, y otras, que con ser útiles son cada vez más la cadena que nos ata a la bancada de la galera día a día y por los siglos de los siglos, sin destino fijo, sin posibilidad apenas de acercarnos siquiera al horizonte al que ya hemos renunciado a traspasar, que nos rodea y que ni siquiera podemos ver en el oscuro, húmedo y maloliente cubículo donde remamos atascados en la tierra seca.

Miro por la ventanilla y la luz del día ya se vislumbra. Puede que el gato cojo tema ya esta luz que augura el peligro de la actividad humana, agazapado bajo un coche que sabe que no se moverá en todo el día. Cierra los ojos, y en su trance recuerda al humano que le ha saludado esta mañana. Esta noche volverá a salir de nuevo, para comer, para encontrar quizás una hembra solitaria por la que no tenga que pelear; y se lame el muñón sin prisa, gozando de sus propias caricias.

Guardo mi teléfono, pero nada más bajar en la estación de destino lo saco para consultarlo. Sí, es un nuevo día, y por eso sonrío a la nueva oportunidad que se me brinda ahora que ya ha amanecido.

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Consideraciones desesperadas a partir del Tema 56 (Oposiciones)

Estoy estudiando el Tema 56 del Temari del Cos de Gestió: “El dret de treball”, bueno estoy leyendo, estudiar es otra cosa cercana al placer, no al de correrse, sino al espiritual. En fin que me he puesto a estudiar el tema 56 y leo:  

“Pel seu caràcter tuïtiu, el dret del treball té, també, com a objectiu la  finalitat compensadora respecte de la desigualtat del poder de negociació entre los parts o subjectes individuals de les relacions laborals…”.   

Sí, así como suena, sin posibilidad de narcotizarse para olvidarse de esta triste vida, pues el suicidio a consecuencia de esta minucia esta descartado y es poco heroico, qué pensarían los que nos quieren y los que nos conocen de vista, dirían: 

– ¿Te acuerda de Elías?  Pues se ha quitado de en medio 

– No jodas, ¿se ha suicidado? Debería estar muy desesperado

 – Que va, dicen que leyó algo que le trastorno definitivamente. 

– Joder, ¿tan denigrante era para con él?  

– Que va, dejó escrito que no estaba dispuesto a seguir viviendo cuando la gente tenía que aprenderse sandeces incomprensibles e hirientes  para trabajar en la Administración Pública. Estaba claro que aquello fue la gota que colmó su vaso 

– ¿Qué vaso? 

– Un vaso, coño, su vaso, es una forma de hablar

 – Vale, vale, pues que descanse en paz pues. 

Así que he decidido escribiros como una válvula de escape, y también para haceros felices, de paso no me suicidaré y recobraré el ánimo. También os tengo que decir que al mismo tiempo que os escribo noto una mirada en mi cogote que durante toda la mañana trata de fisgar en lo que hago. No se si me quiere a mi o a mi pantalla, primero me hice ilusiones, luego las deseche, pero el caso es que ella habla y habla de cosas serias sentada al lado de Nube Roja, y cuando me vuelvo me mira como diciendo “cómo que te crees tu que no se lo que haces, a mi me la vas a dar”, mientras se ajusta las tiras del sujetador que le resbala, eso, me resbala. Bueno ahora se ríe, y también se ajusta las tiras del sujetador. ¡Vaya perra con las tiras del sujetador, ¿por que no se los compra más ajustados?¡   

Tengo hambre, me voy a mear. 

Elías Tuitivo