Como dos perrillos perdidos

Un hombre negro que mira el suelo sujeta un bocadillo envuelto en papel de plata sin abrir, en la otra un vaso de café de papel. Espera sentado en un poyato junto a la cafetería de la estación subterránea. A su lado un hombre blanco joven y muy delgado, que como cada día duerme en su silla de ruedas de espaladas a la gente que pasa.

Les he visto otra veces, pero siempre por separado. Ahora parecen haberse asociado y llaman la atención por verlos tan juntos en un lugar tan grande e inhóspito: mientras uno duerme el otro vigila, es una buena y muda simbiosis en la miseria. Son como dos perrillos abandonados que no quieren saber ya nada del exterior: después de todo aquí no se mojan, hace menos frío, aunque bastante calor, y de vez en cuando, alguien les proporciona un bocadillo o un café, quizá los empleados del bar. El que mira el suelo parece haber renunciado a mirar cualquier otra cosa, el otro duerme para no tener que vivir despierto. No esperan ya nada, nosotros tal vez que un día desaparezcan para confirmar sus renuncias, quizás porque vayan a un hospital, quizás a la calle, quizás a una tumba.

Pasamos junto a ellos sin caer nunca en que en realidad somos nosotros, y fuera hay multitud para entrar a ocupar su puesto en la estación, e incluso a ocupar plazas de nueva creación

14.4.2015

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El café de media mañana

Se afana el viento en demostrar su fuerza

sobre las hojas de una palmera.

Humea el café sobre la barra fría de un bar

y se alza un murmullo de mañana de diario

entre historias cotidianas

y tintineos de tazas y cucharas

El pumpum del cargador de la cafetera

contra el metal acolchado

vaciándose de café compactado

y una mujer sentada

que, seria,

pasa las páginas de un diario

sabiendo que la miran.

En la ventana del periódico extendido

ante mí el mundo se refleja,

en titulares de distinto tamaño

escogida de antemano

la importancia que yo deba darles,

el sufrimiento,  el interés y el gozo

se reparten las fotografías

 Estoy vivo, pienso,

 y bien vivo,

a resguardo del frío viento

mientras soplo, sorbo y miro

en un movimiento compuesto,

por el ventanal

que es ahora una pantalla.

En la próxima hora

quisiera ser otro

escribir en los espacios blancos del periódico

disparar mil fotos,

y ahora aquel viento acaricia mi cara

torna en capa mi anorak abierta

cierro los ojos al frío placentero

añadiendo un muy corto capítulo,

de un martes cualquiera

de enero.

Algunas preguntas y algunas de las respuestas

1. ¿Cual es el sentido de la vida?

No preguntarse nunca sobre el sentido de la vida.

2. ¿Que hacer entonces con nuestra vida si no tenemos una guía que nos ayude?

Levantarse de la cama primero, por supuesto, mirar por la ventana por si llueve y salir, sonreírle a la vecina que nos guste y ser sinceros con ella y con nosotros mismos, entonces nos podemos mojar juntos bajo la lluvia porque no nos importará en absoluto que se nos noten los pezones duros bajo la camisa, y menos, claro, si es a ella a quien se los notan. La vida tendrá entonces un sentido claro y no nos importará que éste no dure a lo largo del tiempo, tendremos suficiente con obtener lo que deseamos con impaciencia en un día de lluvia, entonces podemos volver a la cama, ahora sí, con ella. Y que no se nos olvide llamar al trabajo para decir que estamos enfermos, la felicidad es corta y dura lo que un sueño, mañana será otro día.

3. Cuando nos invada la apatía ¿qué hacer con el jamón de York y el yogurt Activia que nos caducó ayer y que habíamos decidido comernos hoy?

Ser desprendidos, no nos debe importar perder algo si lo que ganamos es peor, igual o mejor que lo perdido. Un beso  que ganemos de ella nos aflojarà de la tensión que la materialidad nos provoca, y si notamos que el estómago nos ruge porque tenemos gazuza, siempre podemos dejar que nos moje una galletas Campurrianas en un café con leche caliente y nos las de ablandadas en nuestra boca, las risas por las gotas de café sobre nuestra piel desnuda nos hará sentirnos de nuevo vivos. Eso sí, no nos olvidaremos de tirar el jamón de York a la basura si se ha puesto tieso y de color marrón oscuro, pero el yogurt nos lo podemos comer con tranquilidad, a buen seguro no nos envenenaremos.

4. ¿Qué hacemos entonces?

 ¿Con qué?

 5. ¿Tienes idea de por qué vamos a trabajar todos los días?

Pues pensar y ansiar la hora de la salida, porque siempre esperamos que la tarde o el fin de semana serán distintos y que en esas horas por fin seremos felices, y así nos puede ocurrir, sí, a veces pasa, aunque tal vez debamos, si no lo hacemos ya, mirar más cerca, pues tal vez podamos disfrutar aquí igual que fuera, no digo con el trabajo, aunque también se pueda dar el caso, digo con lo que nos deparan estas horas aquí encerrados. No debemos perder de vista que la gente que nos rodea también se distrae con los ojos taladrando el techo y mirando más allá de los cielos buscando una redención que los eleve de la insulsa cotidianidad; que también se ríen y lloran, se excitan o se aplastan, que también tienen sus ratitos de debilidad y que a veces nos miran, algunas deseando besarnos, y otras denigrarnos, ¿o acaso no lo sabíamos?

6. ¿Por qué siempre piensas y hablas del deseo?

Es evidente que si no deseáramos, si nuestros ojos y nuestras mejores palabras no se perdieran por el cuerpo y la mente de nuestros prójimos más atrayentes, la jornada sería una plana sucesión de horas y conversaciones relacionadas con expedientes, sinergias, estrategias y presupuestos. Pero no es eso una alternativa, suceden al mismo tiempo, ya escribí una vez sobre lo que en realidad a veces pensamos e imaginamos cuando hablamos por ejemplo con una mujer sobre “posibles alternativas al Convenio de Kyoto”, más allá de nuestra educada respuesta, para nuestros adentros decimos: ¿Cómo sería bajarte la falda y tumbarte despacio sobre la cama de la habitación de un hotel escondido? Pero que quede claro, una cosa no tapa la otra, somos binarios y podemos hablar en dos planos a la vez, algunos incluso en tres, otros, es verdad, solamente en uno.

7. ¿Existe Dios?

Por supuesto, es nuestro guía perfecto, el de cada uno, al que podemos interpretar como nosotros queramos y que nos ayuda a sobrevivir y a encontrar fortaleza para continuar adelante. Ahora bien, para eso hay que creer en él, es como el sentido de la vida que aparece en la primera pregunta, no hay que plantearse nunca si existe o no existe, recémosle a nuestra imagen y semejanza y creemos nuestra propia conciencia y tabla de pecados. ¡Por un dios libre, seamos creativos!

8. ¿Quién es usted?

El enviado de Dios en la Tierra, como usted, como yo, lo acabo de descubrir ahora mismo, y eso me salva de posteriores preguntas, se acabó la entrevista. Buenos días.

9. Le deseo.

¿Perdón?

10. Ya me ha oído, estoy aburrida de esta papel que me ha tocado vivir, no entiendo nada de lo que me rodea, no se que hacer con mi vida, pero se que puedo pasar un buen rato con usted, por eso le estoy haciendo una proposición, ¿se quiere acostar conmigo y levantarse conmigo en la mañana y si le place volverse a acostar sin prisa hasta el mediodía?

No hay cosa que más desee, pero espere que me coma el yogur.