Horas

Hay mañanas, como la de hoy, en las que el tiempo se entretiene entre las paredes colmadas de archivadores y ventanas sin saber que hacer ni por donde continuar su inexorable camino. Las horas danzan sones aburridos y se demoran en el minutero sin dar el relevo a las que les siguen. Algunos que por aquí pululan las sacan a bailar y les meten mano, les hablan y les hablan con la intención de resaltar sus aparentes atributos, pero al final las duermen con su discurso y las horas se hacen días entonces, como en esta mañana larga, larga. Yo quisiera que pasaran raudas pero que fuesen muy lentas, que fuesen entonces días al ver atardecer en su piel dorada.

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A la luz de la tarde de invierno

La ladera de cálida tierra que desciende

de plantas olorosas salpicada

por la luz de la tarde de invierno alumbrada

y abajo, como un reposo soñado,

el pequeño valle,  

donde suena entrecortado

un estacional y limpio riachuelo.

 

Por fin el sol suave calienta mi piel

hoy desnuda de abrigo  

mientras huelo su intenso aroma en mis dedos

como al aplastar con ellos ramitas de romero.

Todo despierta en mi,

misteriosas conducciones que fabrican,

que activan el convencimiento,

de vivir, de dejar huella en el suelo.

 

Desciendo avaricioso pero despacio

engullendo este paisaje con mis ojos

con mi boca, mi nariz,

con mis oídos, con mis manos,

para que no desparezca.

 

Y noto,

en este preciso lugar

el inexplicable bienestar

que solo se puede compartir

incorporado para siempre a nosotros.

 

Y aunque no es nuestro

siendo lo que más nos pertenece,

nos premia para siempre

en esta ladera olorosa e iluminada

por la luz de la tarde de invierno

que poco a poco en su piel desaparece,

con el atardecer, ante mis ojos,

y ahora solo se sugiere

mientras en la penumbra

suenan despacio las palabras.

Panfleto de Madrid

Son fisgones más que espías; imposible hacer literatura con ellos. Los protagonistas parecen más bien adornados catetos sin arte que rabian y tiemblan ante la posibilidad de perder su poder, algunos por dejar de ingresar más dinero robado. No pueden ser demócratas quienes espían al contrario, estén en su partido o en otro para ganar potestad. Son, eso sí, arrogantes y mentirosos, impresentables ante personas de bien, egoístas pendientes de su interés personal y olvidados de la ciudadanía a la que representan,  también  la que les eligió. Son ahora también la vergüenza de saber que nunca dirán la verdad ante los ciudadanos, solo a salvarse de la quema.

Estos son algunos de los que gobiernan Madrid, los que comenzaron  valiéndose del soborno de dos diputados socialistas –tan cercanos estos a aquellos- para alcanzar el poder. Es ésta una etapa sucia, sospechosa, hortera, descorazonadora. Tal vez lo único bueno es que sirviera para que los madrileños hagan salir de sus instituciones al PP, y que los que les sucedan sean de verdad honestos, ingeniosos y valientes para sacudir el espíritu  anquilosado que se ha apoderado de esta Comunidad.

Madrid no se merece esta desesperante caída a los cutres infiernos a los que sus dirigentes la están empujando. Ójala su Dios a su medida finalmente les ilumine y se retiren a un lejano monasterio donde quizás, ante él arrepentidos, los Quicos y Rouco sabrán acogerlos. Puede que su actual presidenta al frente de todos ellos, fuese una buena priora.

 

 

 

Pensamientos al comenzar el día

No es difícil darse cuenta de que apenas media hora después de salir de casa las cosas vuelven a estar igual que a la hora de acostarnos, o puede que no, puede que el día se tuerza en sentido ascendente y el sol se imponga templado sobre los charcos que ahora se limitan a reflejar el cielo y las farolas, a la espera de desaparecer y dejar sus rastro leve de barro sucio por las aceras. Mientras, en nuestros primeros pasos en el día, el cuerpo demuestra su alegría de estar de nuevo erguido, estrenando músculos y huesos, absorbiendo oxigeno para esponjar el soporte indefinible de nuestro ser y airear la corriente continua y cerrada de nuestro circuito sanguíneo. Entonces comenzamos a rescatar nuestros pensamientos, tal vez lazando una imagen antigua que una puerta en el presente nos franqueó, tal vez a propósito buscándola para recordarnos quien fuimos o lo que no debemos volver a ser. Son estos primeros momentos los que a menudo marcan la evolución de las horas, pero puede también que no, que una inesperada sonrisa acompañe nuestras vidas y nos haga preguntarnos como es posible que sólo una sonrisa muda guiada por una mirada clamorosa es capaz de insuflarnos la esencia de la fugaz alegría. Debe ser que la estábamos esperando, que era esa la que estábamos esperando.